Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
L, a Reyníe, de Luis XIV, ó del no menos célebre Go- de mala gana iba á echar á andar hacia donde los de rón, de nuestra época. ¡Por que yo opino que, pnrcual- -Ios- gritos le- indicaban, asomóse el indiano gesticuquier camino que se vaya, lo decisivo es el primer paso! lando y enrojecido de cólera á una ventana bajado Tuve que sacar á Pepe Linde de sus hondas pre- la casa de su futura y, encarándose con Pepe Linde, ocupaciones, porque la diligencia había llegado á Es- le interpeló; calante y yo me quedaba allí á pasar tres ó cuatro- -Pero, señor inspector, ¿qué hace usted? ¿Por qué días en casa de un amigo. no cumple usted con su deber? ¿No es usted el ins- ¿Tres ó cuatro días? -exclamó él. -Pues antes de pector de policía? ¿Por qué no prende á ese ladrón? que te vayas estaré de nuevo por aquí... ¡Hasta la- ¡El ladrón no esjulián! ¡El ladí óii es ese indiano vuelta! que ha venido á robarle la novial- -replicó desde la En Santander le entregaron á Pepe Linde un legajo calle un chico de trece ó catorce años. de papeles que le traía de la Habana el vapor correo- ¡Y ella es Cjuien le ha dado á Julián el guardade Cuba, que acababa de entrar en el puerto. pelo de oro! ¡Lo he visto yo! -añadió en seguida una Era toda la herencia que recibía de su tío Tomás. niña de menos edad que estaba á la puerta. Examinó el contenido con impaciencia febril, y no- ¡Tienen razón esos chicos! -gritó la novia desde tardó en ver que aquellos papeles carecían en absokito uno de los balcones, rompiendo á llorar. ¡Aquí no de valor. La mayor parte de ellos eran cartas de hay más ladrón que ese hombre con cjuien van á casaramigos particulares de su tío, que desde la península me... ¡El es el ladrón, él es el ladrón! le pedían dinero ó le daban las gracias por cantidades- ¡rióla! ¡hola! ¡hola! -murmuró Pepe J inde anique generosamente les había girado. Pensó Pepe mándose y yendo á penetrar resueltamente en la Linde que hubieran podido en la Habana ahorrarse casa. ¡Añora verá usted, señor indiano, cómo sé el trabajo de enviarle aquellos papeles inútiles. cumplir con mi deber! A mi llegada á Escalante hablaban todos allí de la El padre de la novia, aturdido, le salió al encuenboda de una señorita del pueblo, llamada lílisa, que tro liasta la calle, apresurándose á decir; vivía frente á la casa adonde yo había ido á parar, y- ¡iSTo la crea usted! que estaba ya en vísperas de casarse con un indiano Y luego, mirando con expresi n airada Iiacia el procedente de Méjico, según decían, y poseedor de balcón adonde se iiabía asomado su hija, exclamó una gran fortuna. La novia era hermosísima y muy todo descompuesto; joven, alta, gallarda y con todo el desarrollo de una- -Pero ¿qué es lo que has dicho, Elisa... ¿Has perarrogante mujer. dido el juicio? Sabíase que estaba enamorada de un mozalbete de- ¿Elisa? -balbució Pepe Linde dándose una palla misma edad que ella, y que sólo obligada por sus mada en la frente. padres consentía en aceptar aquel matrimonio de Y buscando con precipitación entre sus papeles la conveniencia con el indiano, liombre ya de edad carta fechada en Escalante, que hacía un momento madura. El muchacho, cuyo nomijre era Julián, mos- me había enseñado, se la presentó al atribulado trábase desesperado, loco, al ver que iba a ser de otro padre, preguntándole ansioso; hombre aquella á quien él quería, y su exaltación iba- ¿No e, s usted el que ha escrito esta carta? aumentando á medida que el instante de la boda se- ¡A ver... Sí, sí, es mí letra- -contestó el jjadre de acercaba. Obstinado más ue nunca en rondar la Elisa. -Pero no comprendo... Es la carta que le escasa de Elisa, acechando á todas horas la salida de la cribí hace algunos meses á un amigo que yo tenía en joven, hubo que alejarlo de allí varias veces, ya con la Habana y que ha muerto, á mi amigo Tonu is engaños ya con amenazas. J. inde... Los padres de Elisa temían que se deshiciera aque- ¡Precisamente... ¿Y llegó usted á mandarle el lla ventajosísima boda, de la que estaban envidiosas retrato anunciado en esta carta? -continiu j el flatodas las señoritas de Escalante y pueblos circunve- mante inspector de policía, en cuyo rostro se reflejó cinos, deslumbradas por el brillo de los magníficos una idea súbita y luminosa. diamantes que el indiano lucía. ¡Ya lo creo... El retrato de mi hija al ponerse Pepe Linde regresó en la diligencia de Santander de largo. el día mismo de la ceremonia nupcial, cuando los- ¿Cuánto tiempo hace que este indiano vino á novios y los invitados se disponían á ir i la iglesia. Escalante? Me enseñó su bastón de delegado de la autoridad y- -No hace dos meses todavía. los papeles que en Santander le diei on. ¿Y antes no lo conocían ustedes? ¡Es curioso! -me dijo. -He venido por el camino- -No. leyendo estas cartas que me han mandado de la- ¡Ah, pues vamos á coger al ladrón! Llábana... No puedes formarte idea del número de Y pronunciando estas palabras, Pejie Linde se antigitos amigos que desde diferentes pueblos de Es- lanzó dentro de la casa de un brinco. paña le sacal) an á mi tío el dinero... ¡Ilasta de JvscaApoderóse á viva fuerza del indiano y le registró lante! ¡De este pueblo en que estamos... ¡Sí, mira! Un minuciosamente, sin hacer caso alguno de los j adres amigo que, al darle las gracias por un giro de mil de Elisa, que ponían el grito en el cielo, escandalizapesos, le anuncia en la carta el róxímo envío del dos ante lo rj; ue ellos juzgaban un atropello brutal. retrato de su hija, que admiran todos por su extraor- ¡Este es, sí! ¡Este es! -se le oyó decir en un rudinaria belleza, y que acaba deponerse de largo... gido de íüegría. ¡Ivn su cartera un documento con ¡Hum! ¿Si querría el amigo éste pescar á mi tío... su verdadero nombre... Lo recuerdo muy bien... El De repente oyéronse gritos. nombre del apoderado de mi tío Tomás... ¡Y cheques- ¡A ese! sobre Londres, sobre París y sobre Hamjjurgo, por- ¡A ese ladrón! valor de más de un millón... E s el producto de mi- ¡Que se lleva un guardapelo de oro de la novia! herencia, que malvendió para robármela... ¡Y aquí el Julián corría con i- apidez vertiginosa, y la gente retrato enviado á la Habana, el de esta señorita, á perseguíalo atropellada. quien ha venido á engañar, ueriendo casarse con Pepe Linde vió correr al muchacho y se hizo el ella con un nombre falso... ¡Ah, bribón, ya estáis en distraído, mirando á otro lado con disimulo. mi poder! ¡Ya ves qué mala sombra! -murmuró á mi oído. -El indiano, al verse perdido, cayó do rodillas pi ¡No podía comenzar peor mi nueva carrei- a... ¡Estre- diendo perdón. Y mientras los padres de Elisa, atóninarme así, prendiendo á un raterillo, á un chicuelo... tos, se hacían cruces ante lo que ocurría, Pepe Lindo- ¡A ese, á ese, que se escapa! -volvieron á gritar, expresábame su satisfacción en estas palabras; dirigiéndose á Pepe Linde, algunos que se habían- ¡La verdad es que he tenido suerte con el primer fijado en su bastón al salir apresurados de casa de la ladrón que he cogido! novia. Después oí de sus labios esta reflexión melancólica; No le era y a posible al delegado de la autoridad- ¡Lástima que ya no me haga falta mi nueva carreseguir haciéndose el sordo por más tiempo, y cuando ra... Lo único que he empezado bien. ERNESTO GARCÍA LADEVESE DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINCA