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Y jil ir la ílilífíeiicía nvanzaivlo por cutre los altos líinlts íi uTami da de T irc do, un: i ílc Ins míis herniosa- fie toda la costa cantábrica, Pepe Lindo se piisn! Í conl- iime lo q u e desde los tiempos d e la Universidad b. nbía siílo ríe él. De la carrera u o bahía sacado iiinj titi p r í i w c h o Ni sjquierní íiahia ncg: i lo á cjerccrta. Apena toraó el titulo, coii i ÍIIÍ 6 uiic lo aoinljrjiran abo; íado d e pohrt a, y le t Ci j la ílcíeasa ilc nn crimniTl, Arjnien sólo í c le podfa etfndeuar, á lo sumo, por inny mal defen íiido qiio estuviese á unns c u a n t o s afion de prisi n. Ciiandí Pcpti Linde se disponía á estudiar la causa, tú j. rocesndo se jr. atíSen la cárcel. Tan poca coníianj a le inspiraba svi defensor, ¿UL ÜC ¡tuícidú por luicdo á q u t Ití tlierau g irrote. distinto. Ti tít TomAs jnurU) liace tres mesejí víajnnilo por la isla ¡le Cuba Yo era Í; I; heredero... E s peraba nna grande heicncia- -algo aüi cotilo d a s m i llones. Mas esíi esperani a eníjaíioía se desv, ineci Kl apoderado que mí lío había dejaíki en la H bana io reali ó lodo A escape, fraudulenta mente, y se dio pri? a 3 deHap; xrecer. Ilevánlos? el dinero. nriV íiqiif niP tienes y a p: ira siempre sin herencia y sin giro mtníiialí Como ahora necesito p a i n r m e la vtrla, ba tf- niJo Uc tomar un emplcn... V gracias que me lo U. in dado. A q t i e n o t e Üguraü lo q u e a l i n r a soy... ¡SífiírtMidríte! ¡Soy iiífuieclór d e pnlícía d e este dt- strilo. l ¡Qiiión m e lo hubiera dicho i luí cuando cat u d i í b a m o s leyes! V aquí, á esi: n n c ó n de la montaña, en l quí: no pensé aunen, h e v e n i d o l paturi ¿T l v h s Ante e lc frneasn ¡inticjpadon Peps L i n d e Í! 0 despidió p a r a j? icmpre de la toj a, q u e no Ue ó á estrenar. i W i a permitirse rasí- us de esos, perdiendo cursor V abandíjnando carrerns, porque n o necesitaba de su trabajo para vivir. Tenia en la H a b a n a un tío. dedicado ú grandes iiC; io i (js mercantiles, que le enviaba n n a cantidad m e u m i suficiente p a r a p a s a r l o bien, y ciJiuo los i ros se hueeüiaucon perfecta regnlai Idad, i epe Liude, sin penas ni cuidados. Uo se oenpó más qvie en dm jie buena vida. Sin embai jío, en cierta ocasión estuvo á punto de lan ar- íc á los ne ocios: pero esta n a cuto e n c a b e z a ajena, al ver arruinarse á nu a u n g o que empleó toda su fortuna en acciones de n n a empresa d e alumbrado eléctrico, de la que se esperaban ganancias íabnlosay, -iZn aquella oeasión me convencí- -añadía Pepe Linde- -de que el nitjor negocio es no tener n i n g u n o Para peu, ar así- -le repliqué yo- -hay que contar con un tío rico y ij- eneroso en la H a b a n a yl- -murmuró eatouccs. Toüo esu acabó j al T e hablaba del pasado... Para mí el presente es m u y Ayer niiamo se firmó mi nombi y voy á reeo ¿iedo ¡t la capital d é l a provincia, ÍÍC donde volveré mañana ó pasado maña r a p a r a entrar desde lue o en el ejercicio de mis inncionts, ¿lih? Q t e parece? Me quede, en efecto, sorprendido a n t e aquel caiubio que acababa de optr. irse CIJ la existencia tle Pepe Linde. Kn ositj, su mirada se ensombreció, y el r. istro de mi anti, uo condiscípulo lomó un aspecto g r a v e -Estáprtoí upáudomcuiiacosa- -murmuró, ¿Tendré suerte ó de i racia en l a i i i i u c r a detención ue lleve á cabo... De ello depende el porvenir de mi carrera... Porque la verdadn en esta nueva carrera en q u e me oblÍ; ían á entrar las mcias, lo mi ímo puedo verme condenado t o d a la vida a ser uu vulj ar polizonte, que puedo ten- rla suerte de adquirir fama universal y perpetuar mí nombre en la Historia. Si mi primera deteución es la de nn insignificante ratc: o, mal principio, estoy p e r l i d o moriré, seguramente, s i n p a í a r d e fnspecior d e este dí irito ignorado... Si el primero á f Uien detcuíja resulla ser, por ejemplo, un alio personaje ó el autor d e alíjúu importante robo al BLLUCO de Kspañ: i, de Ja manera má ifjcil dol mundo puedo cualquier día llegar a l a altura de aquel eélcbrc