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EL P R I M E R I UBiENDO á ocupar mi aliento de b a n q u e t a en la diligencia que iba de Laredo ft Santander, I me encontré con Pepe I inde. antiguo condiscípulo, de quien iio había vuelto á saber n a d a desde que. al t e r m i n a r l a carrera, salimos d t la Uojversidaíl. A pesar de ios muclios aílos que babían pasado, m e reconoció en seí uída. Después de las expansiones propias de antiguos compañeros Oc aulas, que por un simple azar vuelven de pronto á encontrarse cnando menos lo pien- LADRÓN san, yo quise darle u n a prueba de mi buena memoria, y le recordé un hecho de su vida estudiantil: una vez Ptpt: Linde, al ir A examinarse de Derecho romano, se volvió a t r á s 5 perdió el curso sólo por ue había entrado en la sala de examenL- S con el pie izquierdo y creyó ver en esto ei a u g u r i o dt- una maia nota. Acogió mí recuerdo con una li; era sonrisa, -Qué, ¿í igues siendo t a n supersticioso como eíitonces? -le prcíjuntí. -jXo Lauto... -me coutestó. -Pero aún no estoy completamente curado d t esa manía. S ite: i