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hxi; r -v ViJ) f I) in OCIiNTES -s -L- 1 b- -i- 0 1. l 11- Nif ¡Menos! -Porque como el hombre anda muy mal de ropa de invierno, y está mirando á las Cortes, que es cuasi cuasi lo mesmo que al Guadarrama, podía haberse resfria. o. -Eso es chufla, y lo que yo digo es viridico. -Hija, güeno, ttáete notario, y perdona; jAve María, qué genio ties p al turrón de guirlache... ¿Y quién es, hablando en serio, el susodicho difunto c ha falleció? ¡El casero! ¡Me dejas estupleílata! ¿El de nosotras? ¡El nuestro! ¡Si m ha despachao hace un rato diez de mojama... -Pues, güeno, estaba pesando un kilo d arroz, y al dar con el dedo, como es costumbre, ¡chanfaina! se quedó rígido y yerto. A ¿escuchar de la Pepa el notícién estupendo, salenfisgona! fisgones y la vecindad en pleno; el sastre del sotabanco; la mujer del zapatero; Lolita, la castañera; Nicolasa, la del Tueiio; el señor Lucio, el gangoso; cinco gatos, siete perros y vecinos y vecinas y demás gente del pueblo. ¿Es verdaz c ha falleció don Isaías... -Tan cierto como que no le pagábamos la cosa. ¡Pobre tendero! ¡No era del todo muy malo! ¡Ni tampoco era muy güeno! ¡Y algunas veces fiaba... ¡Muy pocas! ¡Eran las menos- ¡Ay, pobre don Isaías! Pai- ece que le estoy viendo quitar de un kile d aceite una panilla. -Too eso era muy d él. -Hija, en cambio mí me corría el peso y me daba golpecitos en el hombro. ¡Anda, mi agüelo! ¡Mía si se entera la viuda! -Pues también á la del Tuerto la gastaba cuchufletas. ¡Mentira! ¡Válgame el cielo! ¡Mia si por casual tu hombre te ve con el ojo güeno! -Era un raspa el tal difunto. -Era un superior sujeto. -Más superior que las latas de sardinas y pimientos que vendía. ¡Pobre hombre! ¡Era todo un caballero d arriba abajo! Me costa! ¿Y se sabe de qué ha muerto? -Pues de un cólico de trampas de toos nosotros. ¡Qué veo! (Dice toda descompuesta la mujer del zapatero. ¿Qué pasa? (Responden todos) ¡Recontra, que le estoy viendo! ¿A quién? ¡jY hacia aquí s acerca! ¿Pero quién? -üiEl interfecto! (Todos quedan aterrados al ver entrar al casero, que, al notar que los vecinos miran con espa? ito y miedo, dice asombrado y confuso) -Pero, señores, ¿qué es ello? ¿Está usté vivo? ¡Pues claro! A u d a ¿pero no se ha muerto? ¡Lástima! yo que l había rezao siete Padrenuestros. -Yo que dije que fiaba. -Yo que dije que era güeno. -Me estaba yo figurando que esta dicha era un camelo. ¡Vamos, mia que no morirse de verdá este tío modrego! (Se arma la gran algazara; gritan ellas, gritan ellos, protesta don Isaías, junto á él protesta el portero. Despavoridos, los gatos hztyen, y ladran los perros, mientras Pepa, la guasona, alegre dice riendo) Hoy es día de Inocentes; todo m ha salió al pelo; ya les di la inocentada, ¡ya se la di! (Telón lento. yiNTONio C A S E R O DIBUJO DE HUrRTAa