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no haya ruidos, ni alborotos, ni escándalos, y que los hombres y mujeres estén apartados, así en los asientos como en las entradas y salidas, para que no hagan cosas deshonestas... (1615. Que los alguaciles de las comedias asistan, desde que se abran los corrales hasta que se cierren, el uno asistiendo á las puertas de los hombres, para que paguen todos á la entrada y no haya ruidos ni alborotos, y el otro á la puerta de las mujeres, no dejando que esté á ella hombre ninguno ni entre en la parte donde estén las mujeres... (1641. Que en el concurso tengan puesto separado los hombres de las mujeres, de tal manera que, aun para entrar y salir de la casa de las comedias, no entren ni salgan los hombres por donde entran y salen las mujeres... (1725. Que ningún hombre entre en la cazuela con pretexto alguno ni hablen desde las gradas y patio con las niujei es que estuviesen en ella... (1753. Que en la cazuela observen las mujeres la moderación y compostura que corresponde ásu sexo... (1766. La cazuela, en que no podrán entrar los hombres, se establecerá enteramente, según el uso de los teatros españoles, con barandilla cerrada y de altura conveniente... (1786. No obstante esas y otras muchas disposiciones análogas, los escándalos en la caztiela ó jaula eran frecuentísimos, y la comunicación con los hombres constante. En el libro de la condesa de Aulnoy, La corte y la villa de Madrid hacia fines del siglo xvii, se leen los siguientes párrafos de una de sus cartas fechada en Madrid á 29 de Maj o de 1679: Hay en la sala de las comedias cierto lugar llamado la cazuela (especie de anfiteatro) todas las damas de mediocre virtud van allí, y todos los grandes señores acuden para hablar con ellas. Algunas veces mueven tanto ruido, que no se oiría una tormenta, y dicen cosas tan chistosas, que hacen morir de risa, porque la viveza de su ingenio no se detiene nadas por la entrada y coloccción de las mujeres en la cazuela. No paraban en esto los escándalos de Id, jaula ó de la cazuela, y aunque parezca absurdo é increíble no sólo servían de regocijo de los mosqueteros y diversión de los grandes señores sino que en alguna ocasión fueron extrairo solaz y singular entretenimiento de los mismos Reyes. D. Ricardo Sepúlveda, en su Q. VíX o %o loro El corral de la Facheca, cuelga el milagro á la reina doña JVIariana de Austria, madre de Carlos II, y á su favorito D. Fernando de Valenzuela, el famoso duende de Palacio pero en honor de la verdad y de la justicia hay que vindicar á aquellos personajes de cargo tan injusto. El cronista D. José de Pellicer y Tovar, aunque cumplido cortesano, en sus Á 7 JÍSOS históricos refiere, con fecha 14 de Febero de 1840, el espectáculo extravagante, picaresco é impropio con que algunos días se divirtieron el rey- poeta, su augusta consorte doña Isabel de Borbón y sus cortesanos y palaciegos. Los Reyes se entretienen en el Buen Retiro oyendo las comedias en el coliseo, donde la Reina, nuestra señora, mostrando gu. sto de verlas silbar, se ha ido haciendo con todas, malas y buenas, esta misma diligencia. xAsimismo, para que viese todo lo que pasa en los. corrales, en la caztiela de las mujeres, se ha representado bien. al vivo, mesándose y arañándose unas, dándose vaya otras, y mofándolas los mosqueteros. Han echado entre ellas ratones en cajas que, abiertas, saltaban; y ayudado este alboroto de silbatos, chiflos y castradores, se hace espectáculo más de gusto que de decencia. El Rey, nuestro señor, reparte los aposentos á los grandes por sus turnos. Los tiempos han cambiado, y, en este punto, no puede decirse que todo tiempo pasado fué mejor Hoy no existe en los teatros la separación de sexos y ha desaparecido la cazuela ó jaula de las mujeres- Y, por fortuna, ni la pública honestida. d su- -f -aiLiiA r. r. s SÍÍN, P its consideracióu alguna. Conocen las aventuras de todo el mundo, y si hubiera algún chiste que decir de SS. MM. preferirían ser ahorcadas un cuarto de hora de. spués, á dejar de decirlo. D. Juan de Zabalcta, en su Bía de fiesta por la tarde, 1650, refiere algunas escenas poco edificantes, ocasio- fre por ello quebrantos notables, ni se dan escándalos y se presencian escenas como las que refiere Zabaleta ó como las que solazaban á diario en loscorrales á los grandes señores y alguna vez servían en Palacio para dar atractivo y variedad á Iosdivertimientos regios. FELire P É R E Z Y GONZÁLEZ DIBUJOS DE MEDINA VERA.