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m 1 i. 1 a m I ti. S r; i á -5 r- í J i ¡I Ftü SABIDURÍA if POPULA YENDO un viejo libro, editado recientemente, y que contiene tina muchedumbre de viejos refranes españoles, he pensado en la sabiduría popular de España, es decir, en lo que constituye la esencia, la I savia, la raíz de nuestro pueblo. Si queremos saber cuál es la psicología de nuestra patria, no leamos libros de literatura sabia, de gabinete, hechos por profesionales: novelas, poesías ó comedias; leamos estudiemos, escuchemos estas breves y sonoras frases en que lentamente el pueblo ha ido poniendo su experiencia. Un pueblo es i m a m a s a de ciudadanos; en él existe una pequeña porción de íente selecta, distinguida; esta gente se llama direclora: escribe, pinta, filosofa, gobierna; por debajo de este pequeño grupo, está la base, el fundamento, la masa. La clase directora cree ella que dirige, que ordena la vida del pueblo, de la nación; ésta es una ilusión; en realidad no gobierna ni dirige nada; lo que ella hace es lo que llaman los psicólogos u n epifenómeno, es decir, algo que lo mismo da que se haga ó que no se haga. I,o cierto es que la vida es una cosa profunda y misteriosa, y que la gran masa del pueblo se mueve por ella misma vive, se encamina hacia lo desconocido, se desenvuelve en el tiempo en virtud de leyes inexcrutables é incontrastables, sin que importe nada el acto del político ó la especulación del sociólogo. Uno de los resultados de esta evolución, de esta marcha, es la adquisición de una cierta experiencia, sabiduría, que va cristalizando eu dichos, proloquios ó apotegmas; en ellos está todo lo que hay de más íntimo y de más castizo en un pueblo Sería tarea larga examinar desde el punto de vista paremiológico los caracteres del pueblo español. Pero ¿no encontraríamos en nuestro refranero estereotipados la astucia, la cautela, el reposo, la sobriedad, la austeridad, la nobleza, todas estas cualidades de nue. stros viejos soldados de antaño, de nuestros conquistadores y de nuestros labriegos del presente? Macho sabe la raposa, pero más sabe el que la toma, es uno de los refranes de La Celestina; Becerrilla mansa de su madre y de la ajena mama, dice otro refrán; El herrero de Ars: anda, él se lo fuella, él se lo macha y él se lo lleva á vender á la plaza, observa un tercero, ¿No parece que estos textos nos dicen inás sobre la población de nuestros campos- -el agudo y solitario matiego- -que cuantas enfadosas elucubraciones nrdan los sociólogos? AZORIN DIDUJO DE ESPl L