Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL CHAUFFEUR Y EL PEATÓN H, éh, animal... ¿Estás ciego? ¿Estás sordo? ¿No ves que vengo echando chispas? ¿No has oído la bocina? ¡Si me descuido te atropello! -Yo soy quien debe protestar... ¡Conque á poco me aplastas y todavía me insultas! ¡Naturalmente... ¿Creerás que tengo ganas de disgustos? ¿Y 3 0? ¿Tendré ganas de morir aplastado como una sabandija, en medio de la calle? -Tanto como tú lamentaría ese caso. Porque quizá la gente me condenase en el acto á la misma pena, y serían dos los cadáveres que qnedaran en el arroyo. ¡No exageres! Ya sabrías tú escabullirte al trote de todos esos caballos escondidos que con tanta frecuencia se desbocan. -Aunque así fuera, ¿te figuras que iba á escaparme de rositas... I a cárcel, el pi- oceso, el presidio, la indemnización... ¡Horror! ¡Ah, miserable! ¿De modo que no es mi vida lo que te importa, sino tu tranquilidad? ¡Hombre! Tendría un disgusto si te hubiera causado esa desgracia, pero no un remor dimiento... ¡Porque no sería yo el verdadero autor del atropello! ¿No? ¿Pues quién entonces? ve desde lejos, sobre todo de noche, cuando llevo los ojos abiertos y encendidos... IVIi bocina Suena bastante desde una distancia respetable... Creo que la gasolina huele un poco... Y no te pido que me gustes, para que no toques las consecuencias. -Sí, si... La cuestión es que desde que viniste al mundo, has creado una nueva intranquilidad, otro desasosiego... -No. lyO que hago es obligaros á que vayáis de prisa, lo cual no es poco, sobre todo en estos países tan ceremoniosos. ¡INÍás de prisa! ¿Y á dónde; Qué se yo! A vuestras ocu paciones, á vuestros asuntos, á vuestros quehaceres... ¿Por ventura tú vas á alguna parte? -Todavía no. Hoy no voy más que de paseo, de visitas... ¡Pero día llegará en que me imponga como único rey y señor de la ciudad! ¡IMiedo me da el pensarlo... Tu papel es trágico... ¡Pienso en los viejos, en los enfermos, en los impedidos que salgan por esas calles! ¡Es que no deben salir! -Sí, ya sé que eres un nietzscheano... ¡lya fatalidad! -Es que no deben andar por las calles, sino en- -Ta, ta... los paseos, en los jardines, en los campos, donde el- -Si vas por la calle y te cae encima una teja que se desprende, ¿á quién vas á echar la culpa del des- sol les acaricie y no les estorbe el tráfico de la ciudad bulliciosa. El bullicio perjudica á los que no pueden prendimiento? -Pero es que el automóvil es más pesado que la contribuir á producirle... ¡Ya ves como soy más humateja y además lo llevas en tus manos... ¡Ellas son las nitario que tú! ¿Humanitario, cuando te dedicas á causar bajas que deben dirigirlo! -Así lo hacen, aunque á veces no estén tan á punto en la humanidad? -Ese punto está ya suficientemente discutido. como debieran... Pero y tú, ¿por qué no tienes en tus- -No, mientras no regules tu marcha, mientras no pies el mismo cuidado? cumplas y acates las Ordenanzas municipales de que- ¿En mis pies? -Sí. Yo ando, corro, vuelo con las mans con te burlas... -No me burlo de ellas... ¡Es que no puedo contelos pies. Busca en tu modo de locomoción la misma prudencia, la seguridad y el acierto que exiges en el nerme... ¿Crees que hay tormento comparable al de tener alas y no poder volar? Ese es mi caso. Deja á mío. Ten cuidado, para que yo lo tenga. un pájaro en el suelo y verás cómo instintivamente- ¡De modo que yo soy quien debe andar con prevuela... caución, y no tú quien ha de ser precavido! -Pues hay que comprimirse, amigo... ¡Demasiado- -Procuremos serlo ambos para ser justos, ya que hacemos con tolerarte á una velocidad prudencial! la justicia falta siempre que se me persigue. ¡Yo, yo soy quien os tolera! J- ¡No sé lo que quieres decir! ¿Tú? ¿A nosotros? -Pues es muy fácil de comprender. Si te atropello, -Sí, á los que vais á pie... ¿Por qué os metéis en me condenan por íínprudencia temeraria; y es á ti á quien debieran condenar por ese delito, caso de que mis dominios? Vuestra es la acera, por donde cainína lo sea. Fero me conformaría con que compartiésemos la molicie, la vanidad y la tontería humana... Mío es la responsabilidad. el arroyo, por donde va la vida, que es actividad, vértigo, fiebre... Su nombre lo dice: arroyo ¡El arro ¿Qué dices? -Que si yo soy un temerario imprudenre porvenir yo corre, corre con el alegre canto de sus aguas! -Corre, pues... ¡Te odio, porque te temo! corriendo, también lo eres tú por no apartarte de mi M e amarás mañana, cuando desde mi sitio puecamino... ¿Y cómo he de apartarme, si cuando quiero recor- das hacerte temer... ¡Soy algo respetable! ¡Represento el triunfo... ¡Viva e) automóvil! dar, ya estás encima? ¡Muera! -Pues, hijo, ve aleita... No te pido que camines E L AUTOR. (Interviniendo. ¡Viva, viva el automócon tus cinco sentidos, pero sí con tres, porque á sus puertas llamo. Ver, oir, oler... Me parece que se me vil... ¡Pero qiie nos deje vivir! ANTONIO P A L O M E R O