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í f 1 N i r i i Cristobaliyo y qué comparasionsira! P. -Pos eso le pasa á este arrastrao que tenemos en er pecho. Jeria de muerte le hisieron unos ojos negros, y dende entonses s acabó la alegría der barrio. Aqueya que jundía er piso con sus tangos y cantaba a toas las horas der día, serró er pico, perdió sus colores, pajisea, y si suerta prendas á hinchonasos, es pa desí lo que el canta tan conosío: ¡Suspirando paso er día, y la noche suspirando, sin que venga á recoge los suspiros é mis labios! LA SORPRESA Zfü íí? 7 a Rodo y Pepilla sentadas á la puerta de la casa. R. ¡i ero ven acá, Fepij a! ¿Qué ha pasao por ti? ¿Qué tienes, que paese que te han dao cañaso? ¡Por vía é Cristobaliyo! Si no te conozco. Coló apajisao, ojitos tristes, carita é lástima. ¡Várgame la pena mardesíal ¿Dónde están aqiie -os colores que daban remoquete á las rosas? ¿Dónde está aqueya alegría que se derramaba por toíto tu cuerpo? ¿Qué les pasa á tus manos, que jase tiempo no cogen los paliyos pa repica con eyos tu alegría como campanitas é prata en día é gloiia? ¿Cómo es que esos lapiseriyos no junden er piso con sus tangos? Habla, Pepiya. ¡Díselo á esta vieja, que su pecho será cofresiyo serrao con yave perdía! P. (Forzadamente. ¡Jesú, seña Rosío! ¡Várgame Dios, agüela, me vasté jaser hablar... y no pueo! Hase la ma é rato estasté echando los ganchos en er poso de mi pecho... y por fin va saca lo que naide púo. Cuando un pajariyo canta que se las pela, es porque tiene, en primé luga, alegría en er corasen y no piensa en na, ¿verdad? porque si está jerío é pesares, s embola, sierra los ojitos, deja cae sus prumitas sobre las patas, no deja la variya ni á tres tirones, mete er piquito bajo el ala y no hay juersa pajolera que le haga canta. ¿Es así? R. ¡Por vía é Cristobaliyo! Ya sabía yo que tus pesares eran quereres. ¡Canastos! no sé qué crista espesiá tenemos los viejos ar final de nuestra vía, que en cuantito miramos á una creaturiya sabemos qué bichiyo le ha picao. ¡Mala cosa es queré, nenita, y más si te metes en un sembrao como ese jastalos talones! P. -Mala cosa es queré; dise osté bien; pero cuando el endino der pecho s emperra, ni er Señó der Gran Poé, con to su poé, lo convense; ¡es muy testarúo! R. ¡Llevas i azón! Oye, Pepiya, ¿y quién es ese asesino de mirar de fuego? P. -Uno muy niorenij- o, d andares aplomaos, que me trae sin sueño. R. ¿Cómo se yama? P. -iNío sé cómo le pondría er cura; pero desde er día que me miró, pa mí tié un nombre R. ¿Cuár, Pepiya? P. ¡San Pedro, porque tié las yaves der sielo é mi dicha! R. -Ja, ja, ja... P. ¡Ay, no se riasté! ¿Le paese feo er nombre? R. ¡Vamos, mujé, pos si se trae er santito á mano la má é cosas güeñas! Cuantito s aserca su día, jasta los angelitos tiran er babi y buscan el agua fresca. P. ¿De veritas que sí? R. -Deveritas que sí. P. -Como que ese pelón es er santo más grasioso, digo, á lo menos pa mí. R. -Güeno, vamos á ve, ¿y to esos pesares es porque habéis reñío? V. (Susph ando. ¡Ay! ¡Ajolá! S -fCojt exfrañeza. J ¿Pi olé. P. ¡AjoláÜ R. -Hija, no t entiendo. P. -Digo que ajolá, porque si hubiéramos reñio, era señar de que habíamos hablao.