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CONVALECENCIA lili tf -I n Que estoy mejor, me dicen, y lo creo, puesto que ya, al través de la cortina, ao escucho ese alarmante cuchicheo, 1 cuyo triste sentido se adivina. En torno de mi cama ya no veo graves y compungidos los semblantes; y ya, como el temor no las domina, no suenan en mi casa, como antes, la voz y las pisadas con sordina. Ya mi mujer, cuando á mi cuarto viene, para que yo no advierta que acaba de llorar, ante la puerta los ojos á enjugar no se detiene. Ya de mis hijas la incoherente charla no aturde mi cabeza, ya divierto mi forzada inacción al escucharla. Ya la luz no me ofende, y por gozarla dejo el postigo del balcón abierto. Y cuando, alegre, los cristales dora clel nuevo día el resplandor incierto, y oigo el acento de su voz sonora, acariciado por la doble aurora del sol y de la vida, me despierto. Mas ¡ay! al recobrar la fortaleza, aunque mi pulso acompasado late y mi cerebro á despejarse empieza, me encuentro tan distinto y tan cambiado, que, con incertidumbre y con tristeza, á veces me pregunto si he quedado vencido ó vencedor en el combate; pues si soy de la muerte prisionero, jjor alcanzar la libertad, no quiero dejar mi juventud como rescate. Yo cuidaré de mi salud perdida, por ser feliz al encontrarme fuerte, pero no si arrastrar debo una vida de achaques y dolor; más que la muerte la vejez prematura me intimida. m í I T y I! e lis! No quiero ser de aquellos f ue á viejos llegan sin llegar á ancianos; no quiero que se caigan mis cabellos sin tener tiempo de ponerse canos. No quiero que me falte la energía, mi misión sin realizarse quede; es humilde, lo sé, mas como es mía, yo solo soy el que cumplirla puede. A ociosidad penosa condenado, no quiero, en paz ó en guerra, envidiar al labriego ó al soldado, cuando van con las armas ó el arado á defender y á cultivar sm tierra. Quiero, hasta el fin, para luchar dispuesto, cubrir la brecha y ocupar mi puesto; y que el sudor, brotando de mi frente, riegue y fecunde el surco en que se arroj. i, para que se haga espiga, la simiente. Cuando despunta el sol en el Oriente, más que el trabajo la inacción me enoja; cuando á tambor batiente va reclutando el capitán su gente, librarme oor inútil me sonroja. fe Sf- V Al llegar la vejez, si he combatido como bueno y honrado, caiga ó venza, habré á lo menos mi deber cumplido. Hoy que otra vida para mí comienza, sólo. Señor, te pido que no me hagas pasar por la vergüenza del que antes de luchar ya está vencido. MANUEL DE S A N D O V A L DIBUJO X Z H 3 P Í