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CAMBIO DE GUAENIOION Si te dejó el capitán, tío llores, niña, por él... ¡que ya en el cielo te habrán reservado un coronel! Saben allí de tu vida los imprevistos pesares y tu pasión decidida por los bravos militares; y hoy, mirando tu dolor tan injusto como inmenso, tal vez digan que tu amor bien se merece un ascenso... Si al claro toque de diana tu corazón se desvela, ¡consuélate, ex capitana, que ya serás coronela... Mas no culpes sin motivo del forzoso alejamiento á un capitán en activo que sigue á su regimiento; pues en el caso presente, víctima de la ordenanza tuvo que ser inocente burlador de tu esperanza. Quizá, como tú, esté triste, ya que estaba enamorado, y á confesar se resiste los efectos del traslado... ¡que no sin pena se acatan los cambios de guarniciones que los planes desbaratan de los tiernos corazones! A mí el destino me aterra, ciegamente sanguinario, del ministro de la Guerra, ¡de ese Herodes honorario! Ya que por su triste oficio, nunca hermana el buen señor los asuntos del servicio j el servicio del amor... Niña querida, reemplaza con otro al viejo galán que se ausenta de la plaza... ¡Di adiós á tu capitán Y borra pronto las huellas de tus dolores sinceros... ¿ue no por sus tres estrellas se nublen tus dos luceros... Pero si hoy desengañada y á un nuevo gusto conforme, dices que no quieres nada con galanes de uniforme; piensa en que, por las señales todos los hombres, hermanos, son para el amor iguales militares y paisanos... GiL PARRADO