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f i t fe m LOS C A N E S os palabras quiero decir sobre los canes; ya en estas páginas les he dedicado algunas otras líneas. Hay una gran variedad de canes; todos tienen su psicología especial; podemos decir que existen también entre ellos jerarquías y posiciones sociales. Ante todo, un can es un ser cuya principal misión, cu 5 0 principal imperativo ético es ladrar al pobre. Todo can que se respete debe sentir un profundo desvío por los pobres y en su consecuencia debe significar este estado de su espíritu á lo menos con un gruñido. No hay ningún can que falte á esta obligación suya. Sólo que existen canes vagabundos, canes degradados, canes errantes en quienes toda noción de vida moral. se h a perdido y en los que, por lo tanto, el dicho imperativo categórico se encuentra muy atenuado. Pero todo can decente, culto, reflexivo, mundano, debe ladrar al pobre. Véase cómo la moral de los canes difiere en algo- -algo más aparente que real- -de la moral humana. y si ahora entráramos á estudiar las distintas condiciones sociales de los canes, hallaríamos que constituyen una riquísima variedad. Tenemos los canes burgueses, ordenados, metódicos; éstos viven en sus casas, hacen su vida regular y consideran aThombre como un servidor, como un dependiente á quien le pagan con un poco de fidelidad. lluego vienen los canes de las calles; éstos no tienen una altaidea de la constancia; sirven hoy á un señor y mañana á otro; van errabundos, husmean l. s montones de basura y experimentan de cuando en cuando sobre sus lomos alguna sensación desagradable. ¿Y los canes campestres? I a misión de estos canes consiste en ladrar por la noche; toda su vida. está supeditada á la puesta del sol; de noche, según ellos, los ruidos deben estar prohibidos; hacer ruido de noche es Tina cosa absurda; las vulpejas comparten de buen grado estas doctrinas de los canes campestres; por eso ellas van sigilosas hacia los corrales de gallos y gallinas; muchas veces no lo notan los canes, y a la mañana siguiente reciben de sus dueños una tunda que no se explican, que les llena de confusión. No quiero hacer larga esta cita sobre estos amigos nuestros. Enumeraré por último á los canes m. ás admirables, más simpáticos que existen: los canes de las estaciones; es decir, los canes que veis en los andenes, que se meten entre los coches cuando está el tren parado y á los cuales por la ventanilla arrojáis el hueso de una pata de pollo. Tened simpatía por estos canes; ellos han comprendido perfectamente toda la grandiosidad y la profundidad de nuestros inventos; ellos adivinan nuestra ciencia y buscan á la par ¡as sobras de nuestras meriendas. AZORIN DIBUJO DE ÍÍEGIOOR