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UN HIMNO IMPROVISADO os saloues de la casa de D. Eduardo Asqueriño, director áe La America, liallábanse literaímente llenos, según el C ZÍ Í periodístico, en la noche d e l martes 6 d e Noviembre de 1866. El insigne periodista agasajaba con un té de confianza á unos señores comisionados de Cuba y de Puerto Rico que á Madrid habían llegado para tratar con el Gobierno de las reformas que más necesariamente debían ser implantadas en las que entonces eran Antillas españolas. Entre las muchas y notables personas invitadas á aquella placentera reunión, concurrieron poetas y literatos, músicos y pintores que aún la hicieron más grata con su amena conversación y con plausibles demostraciones de su ingenio, de su inspiración y de su habilidad. Doña Carolina Coronado, D. Ventura Ruiz Aguilera, D. Manuel del Palacio, D. Gaspar Núñez de Arce, D. Manuel Cañete y otros poetas leyeron composiciones excelentes; lucieron su maestría, ejecutando al piano difíciles y brillantes piezas, propias y ajenas, los Sres. Zabalza, Quesada, Moderati y algunos otros músicos, y cantaron la señorita Cortina y el Sr. Cagijal con generales y merecidos plácemes por sus admirables dotes de verdaderos artistas. I a entrada del ilustre marino D. Juan Bautista Topete, que mandando la fragata Blanca había concurrido á la reciente y gloriosa empresa naval del Pacífico, dio á la fiesta ueva y mayor animación, excitando en los concurrentes los sentimientos que en aquel tiempo enardecían á todos los españoles que aún no tenían por ridículos y por cursis el heroísmo y el entusiasmo, el espíritu patriótico y la dignidad nacional. De pronto, en wa. grupo formado por algunos poetas, á que se había aproximado el maestro D. Francisco Asenjo Barbieri, surgió una idea, que fué inmediatamente aceptada sin l a m a s leve contradicción y jT I f f y puesta en seguida en práctica con entusiasmo unánime El grupo formado por los Sres. Rosell, Ruiz Agui lera, Núñez de Arce, Palacio, Ortiz de Pinedo y Asquerino se dirigió al despacho de éste, llevando al frente como jefe tácitamente designado al populat compositor. Rápidamente, mientras aquéllos emborronaban algunas cuartillas, tras brevísimo acuerdo, Barbieri, armado de cuadradillo y lápiz, trazaba líneas paralelas sobre un pliego de papel, que dispuesto estuvo cuando aquéllos concluyeron su tarea, para que el maestro con no menos brevedad colocara en él esos minúsculos signos que, esparcidos por las líneas del pentagrama, parecen bandadas de golondrinas que revolotean ó se posan en los alambres del telégrafo. Avisados ya todos los músicos y cantantes que a l a reunión asistían y algunos aficionados que podrían nutrir el coro, el maestro Zabalza sentóse á u n piano que había en un gabinete inmediato, y todo lo más piano posible se hizo un solo ensayo, que bastó para que todos, como consumados cantantes, estuvieran dispuestos para la pública y solemne ejecución del improvisado himno. Un cuarto de hora después de iniciada la idea en el salón, ante el general Topete y la numerosa concurrencia, gratísimamente sorprendida, se cantó el himno del Pacífico, que no hay para qué decir si fué aplaudido, celebrado y repetido con las más expresivas manifestaciones de admiración y de entusiasmo. I, a letra es la siguiente: c o s o GESBKAI. ¡Gloria á vosotros, bravos marinos en cuyas frentes brilla el laurel; la patria al veros, alborozada, llanto de gozo vierte sobre él! ¡Gloria á vosotros, gloria! ESTBOFA PRIMEP. A Ni fuertes muros ni airadas onda vuestra constancia logran domar: ni los cañones del enemigo ni las tormentas del ronco r o-