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J I s 1 j bar 9 A- 1 V. fm -S A 4, í. LA VUELTA CON J O S E F I N A l, poeta ha estado diez, doce ó catorce años sin venir á esta casa de campo en que él pasó su adolescencia y escribió sus más hermosos versos. Ahora viene con Josefina. Josefina es esbelta; tiene unos rizos castaños, muy sedosos, que sombrean la frente; en sus ojos hay una profundidad, un misterio, una luz inefables. Los dos, el poeta y Josefina, llegan una mañana de estío á esta casa; hace un soÍ abrasador, cegante; el camino va torciendo entre laderas cubiertas de pinos; hay en el aire un vago y grato olor á resina. La casa está rodeada de olmos; cantan las cigarras sin parar. Josefina está encendida, abrasada por el ardiente calor; su traje es blanco, nítido; respira alegre, satisfecha. Los dos llegan á la puerta de la casa y echan pie atierra; se acerca corriendo un can que intenta gruñir un poco. íRomiio, ¿no me conoces ya? dice el poeta. El can, que es un viejo amigo, se acerca con los ojos brillantes y comienza á mover la cola. Entran Josefina y el poeta en la casa; el labrador y la vieja eriada comienzan á abrir las puertas de las salas y las ventanas dando gritos de alegría. El poeta coge á Josefina de la mano. Eos dos van recorriendo unas anchas y destartaladas estancias; en las paredes cuelgan antiguas litografías. Mira. Josefina- -dice el poeta cuando llegan ante una recia mesa de nogal; -mira, Josefina, aquí escribí yo el libro que luás te gusta á ti. Josefina sonríe en silencio; el poeta aprieta en su mano la fina mano de Josefina. Entra un moscardón en la estancia y comienza á ir de un lado á otro zumbando; á lo lejos se oye en el silencio profundo del campo el cacareo de un gallo; se respira en el ambiente el ligero olor de humedad de una sala cerrada durante laro- o tiempo. Josefina y el poeta van recorrienao una á una todas las dependencias de la casa: los granero 3, a almazara, el lagar, los patios; cuando han dado la vuelta á todo, abren un balcón y se ponen de bruces en el antepecho mirando la montaña que está allí á dos pasos de ellos, alta, serena, silenciosa, cubierta de bosque. El poeta tiene aún en su mano la mano de Josefina; los dos están juntos y sus corazones parece que se oyen, latir al unísono, llenos de amor. AZORIN o m u i O DE líF. GlDO E