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twV m f r M i Ara g ÜM ÍSQS fc Con mi traje roído y destrozado, envidiando el verdor de tu ropaje, quiero aspirar tu ambiente perfumado, el olor de esas rosas que han dejado las carieias del sol en tu follaje. Cuando exhibías tus escuetas ramas, nadie ante ti sus pasos detenía; hoy las más bellas y elegantes dama? admirando tu hermosa lozanía, con sus manos de nieve primorosas te acercan á su rostro suavemente para aspirar la esencia de tus rosas; tú te inclinas ante ellas indolente y á veces- ¡oh cruel! -cuando te inclinas las clavas en los dedos tus espinas. Los pasados desvíos no perdonas y dejas de tu enojo las señales... ¡Y es que sois los rosales exactamente igual que las personas! Tu dicha incomparable me fastidia al contemplarte, en varias ocasiones, por unos dedos de mujer rozado, y al mirar tus capullos y botones, siento el punzante dardo de la erividia... ¡porque á mi ni aun botones me lian quedado! Cubriendo con verdor tus desnudeces te sabes remozar, aun siendo viejo... ¡Qué extraño es, ¡oh rosal! que muchas veces ambicione encontrarme en tu pellejo! Mientras que en mí la vida es un desastre, tú con tus galas mi rencor excitas, porque ¡ay! yo tengo que pagar al sastre y tú, en cambio, te vistes de rostías. JOSÉ R O D A O DiEUlO DE X, UDAlíO