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-Porque dijo muy bien el que dijo: Si no hubiera abogados, no hubiera pleitos; si no hubiera pleitos, no hubiera ruinas; si no hubiera ruinas, no hubiera pobres; si no hubiera pobres, no hubiera injusticias; si no hubiera injusticias, no hubiera criminales... -Quisiera aclarases más; yo soy un duende muy justiciero. -Hay en este lugar un abogado, frondoso de barbas y secó de cascos, con hijos, mujer y otros agregados, y con más necesidades que bienes, el cual metióme por un pleito con un vecino, que maldita sea la codicia, amén. Perdí ha. sta el juicio, y aunque el abogado de mis culpas dice que está claro el texto, yo, á fe de Lucas Gómez, que así me llamo, todo lo veo turbio, á no ser esta soga y aquella rama que me darán paz. Convenció Martinito á Lucas Gómez de que se dejara vivir, ofreciéndole todo su auxilio, y para consuelo le contó sus cuitas. Entraron amigablemente en el pueblo y alojó el duende en casa del abogado, donde cometió infinitas diabluras. No dejó trozo de loza sano, aporreó los muebles, asustó á todo el mundo, y por remate revolvió como ensalada los mil disparates y vanidades que el abogado tenía escritos en arte de socaliña. Ya no hubo paz en la casa. Arremetió luego con la del vecino del pleito, donde hizo otras mil insolen. cías, y hallando gustoso el oficiO; se fué alojando en todas las casas, sin resper i tar la del alcalde. Conocie; j; í ron que era duende, y acu dieron con los exorcismos; 1 pero el picaro se huía así que oía el ronconeo del g hisopo en el caldero del agua bendita. Opinaba el señor cura, y a cansado de exorcizar esta casa y aque i Ha, que se necesitaba para a conseguir algo toda la ele, t, j. recia de Extremadura y j i de las sierras. Decía el alcalde: -Este d o n Duende ó i don Guarro mete mis dioi. rizos en el pajar y me llena j p, de paja la despensa. Y respondía Martinito desde el tejado con su vocecilla chillona: -Porque la justicia es dar á cada cual lo suyo. -No me queda ni un m. ueble, ni un plato, ni un libro- -exclamaba el abogado. ¡Mi c a s a parece una cueva de ladrones! -Parecerá lo que es- -contestaba el duende. Y todos los vecinos plañían, juraban, invocando á los santos y pidiendo justicia. -Ha tenido que venir un duende á este lugar para que todos pidan justicia por su casa. Estoy muy á gusto y no me voy. Esto lo dijo Martinito dando vueltas en la veleta de la torre. Reunióse el Concejo, y ante él presentóse Lucas Gómez para decir secretamente que si le devolvían lo que se llevó el pleito, sin excusar maravedí derretido por el abogado, y de todo ello le diesen fianza, él se comprometía á echar el dueude del lugar de manera que nunca jamás volviese. El caso era tan apretado que á todo se avino el Concejo con licencia de los vecinos. Entonces Lucas Gómez llegóse á la posada del Tejo, de que era mesonero el mayor ladrón del mundo, que allí andaba el duende cobrando alcabalas en la picardía, y coa voz muy sonable entró diciendo: -A ver si preparan dos cuartos para siete señoras que están casa del alcalde. Alojarán aquí hasta que monten casa en el lugar, que parece han escogido porque les conviene. ¿Quiénes son? -dijo el mesonero abriendo el oío. -Un i es Marigutierre, la coja del lugar vecino; las otras dícen que dos son de Zafra, tres de Albarquerque y la última de ValdefuentcD ¿Sí? -chilló Martinito. -Amigo Lucas, di al señor cura que guarde los exorcismos, porque voy á pasarme al moro. No paro ni en el reino. ¡Como no nos veamos en el día del juicio... Y la paz y concordia volvieron á reinar entre los vecinos. JOSÉ NOGALES OIBUJOS DE MÉNDEZ BRINCA