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El crítico teatral de La Revista Española escribía el siguiente brevísimo juicio al otro día de la representclCiÓll La traducción de la primera pieza es buena, á pesar de algunos descuidos; no podemos decir otro tanto de la segunda. Los hielos del Neva son equivalentes á los de Tortom, dice el traductor, sin í- ipa. ra. r qnc glaee en francés es helado ó sorbete en muchas ocasiones, y que nial pudiera haber otros hielos en el cafe de iortoni. Fortuna que no haya traducido o- f por íí í ui- r i r 7 1 Fl ilustre Fí aro en un artículo de Teatros ¡Revista del mes de Abril -publicado en El Eí nitol, después de hablar de la debutante que le pareció muy linda, tanto que si esta circunstancia bastase para, formar una buena cómica, pocas podrían disputarle semejante título dice refiriéndose á las obras es La empresa nueva comenzó sus reformas teatrales dándonos dos traducciones del francés, tituladas La reina de qmnce años y Las gracias en la vejez. En la primera, el traductor se quedó con un año, pues en el ori inal eran dieciséis; lo cual prueba que por esa comedia, no solo no pasan días, smo que se rejuvenece casando de un país á otro... Fm la segunda se quedó el traductor con gracias, y la pieza con e! francés del (feíxa de veinticinco años después, el 11 de Diciembre de 1860, aquella obrita, ya olvidada, reapareció en el teatro de Jovellanos. D. Francisco Camprodón, autor de Marina, ¡t Asirse de un cabello y (l 2 Flor de un dm. V. x arreo- ló á la escena española con notables modificaciones, entre ellas la de pasar la acción de Rusia á i íejico. que ya es buen salto; la escribió en verso, y la convirtió en zarzuela con el título de Una viejaTampoco entonces traspasó la frontera la música de M. Fetis, que, al decir de M. Félix Clenient, tenía algunos números bonitos, particularmente un diio de gran efecto: m Doiix soiivEnir delapairie... Un inspirado maestro español, D. Joaquín Gaztambide, fué encargado de escribir la partitura, y lo realizó con tan feliz acierto, que contribuyó poderosamente al grandísimo éxito de la obra. Todos los números de la partitura se hicieron populares, y popularísima la graciosa canción; que durante algunos años se oía por todas partes, lo mismo cantada al piano por la más distinguida señorita, que gritada en la cocina por la más inculta Menegilda, que aullada en la calle por el golfo menos filarmónico. Para dar idea de su popularidad, basta recordar que el famoso P. Claret, en un sermón predicado en Aranjuez, censurando las costr. vubres de la época, entonó el Av. mamá! etcétera, al ocuparse de aquella especie de manía general con que todos canturreaban la empecatada cancioncilla. Doña Trinidad Ramos, excelente tiple que acababa de dejar la ópera por la zarzuela, cediendo á las instancias y á los ofrecimientos déla empresa de Jovellanos; D. Manuel Sauz, el celebrado tenor, que alcanzó mayores éxitos en aquel género que, como dice Peña y Goñi, ha sido nuestra ópera nacional D. Ramón Cubero, discretísimo aetor cantante, y D. Francisco Arderius, que poco antes había salido del coro para hacer Ramón Cubero. 2, Manuel Sanz. 3, Trinidad Ranics. papelitos é hizo del mayordomo Pancho una admirable creación, fueron los intérpretes de la zarzuela de Camprodón y Gaztambide. En aquellos tiempos la fotografía no se había dedicado á conservar recuerdos de las representaciones teatrales como en los tiempos presentes, en que la obrilla más insignificante logra el honor de ver reproducidos por la instantánea y por el fotograbado todos sus cuadros, escenas y personajes. Las dos fotografías correspondientes á las situacipnos culminantes de Una vieja que en nuestra Biblioteca Nacional se conservan, no sólo dan idea del éxito extraordinario de aquella zarzuela: son también curiosos é interesantes documentos para la historia del teatro lírico español del siglo pasado. FrLiPü PÉREZ Y GONZÁLEZ