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ar co ANO XVII MADRID, 17 DE AGOSTO DE 1907 é po NUM. 85o EL PAJARILLO liafaelillo y su madre en lapuerta de ten cortijo en Anda- oí desí ar tío Chicharito que cogiendo un chamarín en lucia. Ella haciendo media, él sentado á sul er nío cuando está derretío con su jembra, y cortánR. ¿Conque dise osté, mare, que toas las peniyas dole las. alas, si se presentaba á u n a mosita que estuviera mal jería de arguna pena, sería su felisiá, de una mujé se quitan trayendo ese pajarillo? M. -Toas, hijo mío. A lo menos eso le pasó á la pues tantos píos como diera á su verita, eran peniyas Verderona, la sobrina der Pachón. Yo lo vide con estos que le arrancaba, no parando el pobresito de piá jasta ojitos que se ha de come la tierra. Venía de Seviya dejarla limpia é pesares; -asina lo dijo, y con la Verque había que ponerle una varita como á los clave- derona asina pasó. R. (Con más intere s. Sigasté por su salusita y por les. Su cara de vingenpaesía una rosa de té. Amariya como puñao é trigo, con dos sintas asules bajo los la groria é mi pare. ojos que paesían alas é golondrinas. Esesperaíta esM. -Er Rubiche, primo de Sarvaó er Pecoso, que estaba yo porque comiera; siempre le guisaba é lo mejó; taba loco por eya, echó anda por campos y vereas pero lo mesmo era ponerle delante migas que un po- jasta que lo encontró. yito con armendras. En cuanto le daba er tufiyo en R. ¿Le costó mucho trabajo dar con er? aquer canutito é prata que tenía por nariz, daba meM. -Carcúlate, traía er probé los pies más jinchaos dia güerta y se iba bajo las piteras con un puñaiyo é que un globo suerto, y chorreandito sangre; pero él lágrimas enreás en aqueyas pestañas que paesían ar- lo trajo. To fué piarle á la Verderona, y á la semana cayatas. viniente por poco tenemos que ponerle camisa é R. (Con gran intere s. Sigasté. fuerza. Tenía más alegría que veinte chavales cuando M. (Gimoteando. Aspérate, arma mía. No sé qué salen de la escuela. Tragaba como u n a arcantariya y demonios pajoleros tenemos las mujeres, que por ná bailaba raás que un trompo con guita nueva; en fin, los ojos son grifos. ¡Ni que tuviéramos una sucursá desconosía. Er pajariyo, de las penitas que le había der Guadarquiví en ca lagrima! Yo de chequetiya le quitao, espichó á los pocos días, y eya se casó con er