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li I 9 saL r 11- íi Va -v. i PENSAMIENTOS DE VERANO royecta sti sombra sobre la hierba recién segada un joven y arrogante pino. El mar está allá abajo, azul y tranquilo. I, as ásperas rocas levantan sus cabezos sembrados de musgo y de matorrales. Canta un ave á lo lejos. Bl blando viento que llega de la mar roza suavemente los pinos, los menea, los acaricia, y en ellos canta su temblorosa y discreta canción de la montaña. Heme aquí tumbado sobre la hierba cuan largo soy, con los brazos abiertos, la cara al cielo y la mirada errante. Tumbado como estoy, y dentro de este feliz olvido de todos los afanes de la vida, una pregunta- -la eterna pregunta de mi conciencia- -me asalta una vez más. ¿G ieii es más sabio, el brahmán que permanece inmóvil encima de una roca, holgando y s u miéndose en la contemplación de sí mismo, ó el yanqui ansioso, atormentado, ágil, febril que corre y suda todo el día tras una moneda de oro? ¿Es más feliz la hormiga diligente que el filosófico lagarto, ebrio de sol y de dulce beatitud. ¿Qué es lo más sabio, lo más certero, la actividad ó el reposo? i ero tal como otras veces me ha ocurrido, tampoco ahora puedo contestar rotundamente á la vieja interrogación do mi conciencia. Ea actividad, el reposo: he ahí los dos polos hacia los cuales, con rumbo difereuce, van los hombres dudando desde que el mundo existe. Solamente que yo no puedo insistir muchotiempo en tau graves meditaciones. iCorre un viento tan suave! ¡Están azul y tau llano el manso mar iPasan con tan graciosa lentitud esas nubes blancas del cielo! El joven pino se estremece á la caricia del viento as rugosas penas encorvan gravemente sus moles; el ave remota vuelve á cantar; un apagado temblor rumoroso llega desde allá abajo, desde los acantilados espumosos... He ahí el mayor goce de mi alma, yo os lo confieso; la más inefable é íntima satisfacción de mi espíritu s el tenderme sobre lahierba, echar cara al cielo la barriga, abrir los brazos en cruz, inmovilizar oL cuerpo y la voluntad, errarla mirada, hundirme en la beatífica profundidad del n o h a c e r nado. Y tumbado como estoy, pienso en aquel proverbio árabe que dice: Más bien que de pie, está el hombre sentado; más bien que sentado, echado; aun mas bien que echado, está muerto. ¿Pero he mentado á la muerte... ¡No, no! Eo mejor de la vida es precisamente la misma vida; la vida por- a vu. a la vida simplemente. Ea muerte es negra y huele mal. En cambio la vida huele á pina dé! monte y es luminosa, azul como ese cielo, blanca como esas nubes dichosas... J. M. a SALAVERRIA DIBUJO DE HEGlDCIt