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oiHcq tVíSTA LUSTRA DAf ANO XVI 1 MADRID, 27 DE JULIO DE 1907 NUM. 847 g i- -l. Í K írr. i. P: í AMIGÁBAMOS silenciosos. Agotados ya los temas iniciales de toda conversación indiferente, mi amigo y yo seguimos el paseo sin cruzar palabra durante largo espacio de tiempo. De pronto se acercó más, me cogió del brazo para detenerme, y con el tono breve y firme y resuelto del que anuncia una verdad indiscutible, me dijo: ¿Sabe usted que he encontrado el alma... Yo no lo sabía... pero en aquel momento la tranquilidad de mi espíritu, la placidez del día y de la hora, el aire tibio, la luz, todo lo que está en uno mismo, ó viene á uno para hacerle amar la vida, me e ALMAS VOLANDERAS... tenían predispuesto para creer cuanto quisieran los demás. Y le creí... Cada vez me persuado más de que la humanidad tiene el secreto de la belleza, del arte, de la emoción, no en lo que ve ó en lo que oye, sino en la buena voluntad con que oye ó ve... Probablemente ahí estará también el misterio del teatro en las noches eternas de un estreno. Mi amigo, un hombre pequeño, flaco, insignificante... alentado por mi silencio, que tradujo fielmente como curiosidad, continuó: ¡Sí, la he encontradol Y cuando quiero, á voluntad mía, viene ó se ausenta de mí.