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-Cantadnos, madre Rocío, la copla del lino que vos enseñó la vieja del cangro- -No cantaré la copla del lino que me enseñó la viejecita del cangro, porque ya están duros los labios para cantar. Pero mientras tostáis maíz en la tapadera del pucliero, contaré el Milagro de la rosa que hizo la Vil- gen en tiempo de un santo Rej Esclavo ele moros estaba un cristiano de limpio linaje de las Castillas. Metido, en un pozo, atado á vina cadena, üamorieino y liagaao lo ceñían nasta que re- Lo supo el santo Rey, que vivía en Triana, y m a n dó hacer una grande iglesia, donde está el cuadro de la Virgen, y á sus pies la sepultura del esclavo. Todo el cuadro es de oro. El cielo parece la llama de la candela que dejaron encendida los pastores para que se hiciera el milagro. Y en ese relumbrón de cielo ó de candela, se ve la rosa cristiana en las santísimas manos. Llega el mendigo ciego empujando la puerta con el palo. Sus ojos son dos ciruelas heladas; su boca una puñalada negra y vacía. Es viejo y socarrón y de humor festero, á pe: sar de su desgracia i- ¡Buenas y santas! ¡Aquí huele á pan cai líente... No es pan, es i i maíz. Oigo reventarlos j granos encima de una cosa de hierro. ¿Hilani deras hay? T a m p o c o faltarán embustes. Y con sus manos duras y sucias de ídolo viejo, rascó el testuz de la vaca, que no se movió ni dejó de rumiar. ¿Qué h a y p o r el mundo, tío Pero? -En el m u n d o n o hay más que vanidaes y mucha tontera y mucha engañifa, que es u n contradiós. En tres lugares del monte no h a llovido gota, se están secando las fuentes, las hambres se echan encima como lobos y las muertes como granizos. ¿No es allí donde m a t a r o n hogaño l a a golondrinas. -Allí es. Las hilanderas dicen á coro, á compás del huso: I, as santas goionannas quitan las espinas de la cabeza del Señor. ii- j negara de la ley de Dios. El devoto de Nuestra Señora rompió un día la cadena y escapó del pozo. Corrió por los campos, durmió en los riscales, perseguido de moros y judíos que querían volverle á su esclavitud. Muriendo estaba de hambre, cuando halló entre unas piedras un grano de maíz. En una candela que dejaron unos pastores, asó el grano, el que se hinchó y reventó, y se volvió una flor. -Ampárame, Señora, y te ofreceré esta flor que ha salido de un grano de maíz sagrado y bendito. Y la Virgen María, con el niño en sus brazos, bajó de los cielos á recoger la rosa blanca del cristiano, que olía á pan caliente y á incienso del altar. Una blanda ráfaga de aire lloroso sacude el r a m a j e de los olivos. Pasa una voz clara y moza e n t o n a n d o un viejo romance. El viento baja barrenando la c a m p a n a d e l fogón, apaga el candil y echa una oleada de humo en las narices de la vaca. Se oye un mugido profundo en la chimenea. -l y Je! ú. hapasado la ánima! ¿Ha p a s a d o r yo creo que está a q u í- -dice el ciego agarrando por un cuerno á la vaca. Un mozo tardo y desmañado, enciende el candil soplando en u n ascua. Con larojalumbre, su carrillos hinchados parecen dos melocotones de los de sangre. ¿Ha pasado? -pregunta el mozo entre soplo y soplo. Brilla la luz del candil, y una de las viejas dice: Tan chica como una almendra y toda l a casa llena. Del obscuro establo sale una clara y fuerte nota de clarín. El gallo canta... los fantasmas huyen... Las manos de los esqueletos dejan caer husos y ruecas. Ya no volverán á recogerlos, ¡mal haya... JOSÉ N O G A L E S DIBUIOS DE MÉNDEZ BRINCA