Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
36 que para el pacífico burgués, y las heridas de su cucliillo ó de punzón son más para un rival que para un transeúnte. 51 inonte- en- l air se recluta entre los barbillo? is, los condenados á las leves por robos pequeños, á quienes esta circunstancia, unida á mala reputación, les cierra las puertas del trabajo en una casa seria. I os morde- en- Vair tXci o s! 2 rí generalmente en grupos ó partidas de tres individuos por lo menos. Después de una cita en ciertos barrios, los moíite- en- l air se conciertan, examinan los alrededores pax a asegurarse de que no están vigilados, yse separan, el uno en una acera, el otro en la de enfrente y el jefe y un poco más adelante, con las manos en los bolsillos, silbando á ratos trozos de canciones que tienen para ellos una significación convenida y les sirven de contraseña. lylegados delante de la casa donde van á dar el golpe, uno de ellos se introduce directamente como si tal cosa, otro penetra en seguida para ocupar y distraer al conserje, y el tercerp queda al acecho. El Toulotíier tiene la especialidad del robo de las maletas ó de carruajes. El barbillon, criado en el arroyo, sin vigilancia de la fami 1, hace recados, sirve de espía, ayuda á los cambrioleiirs- y introduciéndose por los sumideros ó saltando sobre los cobertizos, y á los quince años el barbillon es realmente peligroso. Estimulado por los relatos de los mayores, quiere alternar, esgrime el cuchillo por apuesta, y acaba por ingresar en la hampa, que le consagra en vista de sus aptitudes para el delito. Cínico, burlón, taimado y traidor, el ¿ar ¿z 7 o? z es el malhechor más peligroso para la sociedad, porque asesina sin ra r i zón, por nada, por bravata, por diversión y para adiestrarla mano. Ün periodista francés, M. Fierre Ciáis, en un interesante estudio piiblicado en el Echo de Parts, describe así á los apaches: Para darse cuenta de este ejército de malhechores, es preciso arriesgarse á ir por ciertos barrios, hacíalas tres de la mañana, por ejemplo. Se ven partidas de jóvenes de cuatro, cinco ó más, junto á las paredes, al paso ligero de las alpargatas, con el rostro medio ocuUo por la visera de la gorrilla, como hundida la cabeza entre los hombros y con las manos en el fondo de los bolsillos. Sobre esas caras pálidas, imberbes, de mirada malévola, están escritos todos los vicios y todos los apetitos. ¿Es la miseria la que los lleva á tal estado y los obliga á merodear durante la noche? No; muchos de ellos tienen tiua familia que les acoge cuando vuelven al hogar; todos están en situación de ganarse la vida trabajando. Pero los apaches no trabajan y de ello se alaban. ¿Para qué van ellos á sujetarse á un trabajo penoso, fii con un 7i en Í, pueden obtener lo que necesitan para vivir a sus f íinchas, según sus gus -íf. tos? i Qué arriesgan, después de todo, en este juego? U n a p r i s i ó n muy p r o b l e m á t i c a á consecuencia de la cual. si no han tomado sus precauciones, lo que es raro, no sufren más que 4 una anodina condena. Y esta misma condena hay muchos de ellos 1 n que la desean como un b a u t i s m o de fuego 1 que constituye un título de gloria. V Ea inmoralidad general es tal hoy día, que la infamia no amengua a u n hombre. Según esta opinión de Ciáis, el apache n o es un mito. j O: EUJOS DE If. CAií- irx f J