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üSii. i J J Mi 1. 5 i- í vi: íí! 1 r I íi. LOS APACHES o hace nivtchos días que un ilustrado colega de Madrid dedicaba uno de sus artículos á la siguiente pregunta: ¿Apaches en Madrid? No le parecía difícil al articulista que al ver restringido su. campo de operaciones en la capital de la vecina República, donde se le persigue, se le hace frente y se le ataja en sus guaridas, emigre el apache. Recientes crímenes nocturnos en 1,3 on y en Marsella tienen el mismo sello de ferocidad que los de París, y en los sucesos del Mediodía se ha visto á los apaches en las calles de Narbona, de Montpellier y de Beziers, lo cual explica el salvajismo que en aquellas agitacioues. se h a advertido, impropio de los románticos meridionales, de los, íf? z T de Márcelin Albert, Afirma también haber visto, como otros noctámbulos que por necesidad ó diversión recorren las calles cíe la villa y corte en las altas horas de la madrugada, que en torno de las gentes de mala vida andan tipos exóticos con la característica gorra de rozí. jí) 2 í de los tf jflí- te franceses. Estos datos y las particularidades del crimen, misterioso é impune hasta el presente, de la calle de. Tudcs- eos, que parece un asesinato á la francesa, dan una triste actualidad á estos criminales, y hay m u c h í s i m a gente que ignora y desea saber lo que son los apaches. Este nombre es propio de los indios atabascanos de la comarca comprendida entre los ríos Grande y Colorado de América, y h a venido á servir de mote para los criminales de París que con una audacia sin límites se dedican á atracos nocturnos, robos y asesinatos. Ea policía francesa cree exagerado el clamor que contra este estado de cosas levanta la opinión de los hom- bres de bien, y hasta llega á afirmar que QX apache es un mito. H a y criminales como los hubo siempre, y. nada más. Entre ambas opiniones está la verdad; pues si puede haber alguna exageración en cuanto á la organización de lasi bandas y su poderío, es innegable la existencia del monte- en- l air ó cambrioleiir, del souteneur, del rouloliicr y del harbiUon. El apache propiamente dicho no existe, afirma la Prefectura, porque no es posible á un hoiubre. vivir exclusivamente del crimen: puede cometer uno ó varios, que su temperamento ó las circunstancias ha- brán facilitado; pero registi ad la vida de los principales asesinos y veréis que, con algunas excepciones, ejer- cían casi todos profesiones que les bastaban para ir viviendo. Por el contrario, el número de obreros irregulares, de empleadillos de baja estofa que, perezosos, juntan á su salario insuficiente la explotación de sus amigas, es asombroso, y esta categoría escapa á la ley. Eos militantes de esta corporación, que hacen alarde en los bulevíires, sgxi más peligroso pera los do su N