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que se publicó en periódicos norteamericanos, y en la cual hace constar la existencia del cuadro igual de Villahermosa. Del de Boston precisa decir también como antecedente que, examinado y comparado en Madrid con originales de Veláz queZj antes de la venta, por varios inteligentes, éstos opinaron se trataba de u n a copia. V Viniendo ahora al cuadro de Villahermos- debo decir que su poseedora la duquesa insigne, pocos meses antes de su fallecimiento, en su constante deseo de ilustrar la historia de sus antepasados y de las obras de arte reunidas en su casa, me encomendó en el verano de 1905 el cuidado de buscar en el archivo de Narros, existente en la antigua casa de Corral que en Zarauz posee el señor duque de Granada de Ega, y donde siempre estuvieron los cuatro cuadros de Velázquez que dicha señora poseía, y de los cuales, por disposición testamentaria, dejó dos al Museo del Prado, los antecedentes que de ellos pudiera haber; y con efecto, hallé el papel más precioso y en que menos pudimos esperar. Un papel que contiene por un lado u n a libranza firmada por doña Antonia de Ipeñarrieta (la señora retratada en uno de los citados lienzos donados al Museo) para pago de u n a suma al pintor, á cuenta de los retratos dice; y por otro lado un recibo, todo él de puño y letra y con la firma y rúbrica del propio Velázquez, el cual lo da de ochocientos reales, que recibe por mano de un I,o pe Lucio de Espinosa, á cuenta de los tres retratos del Rey y del conde de Olivares y el del Sr. Garci- Pérez De Velázquez se conocen cartas, se conocen cuentas rendidas por virtud del cargo administrativo que desempeñó en la corte de Felipe IV y que tanto tiempo robó á sus pinceles. Pero un recibo por obras suyas no se conocía ninguno, ni se conoce otro. Tan precioso hallazgo vino á suplir esta deficiencia, haciéndonos saber que aquel insigne, pero pobre artista, recibía en 1624 u n a suma que en la moneda de hoy apenas llegaría á 500 pesetas, á cuenta de tres retratos. De éstos pudimos identificar y restituir á su indubitable origen dos: eldel Rey joven y el del conde- duque de Olivares, pues que en la misma casa que ese papel se han conservado hasta hace pocos años, en que fueron traídos al dicho palacio de Villahermosa, donde se conservan. El tercer retrato, el del Sr. Garci- Pérez, no ha podido hallarse. Para no dejar ignorado tal hallazgo y tales identificaciones di á la estampa en la citada LIENZO DEL MUSEO DE BOSTON i? í? W fíi! documento y retratos, con una Memoria, en la que al cabo de muchas consideraciones, que es forzoso omitir aquí, procuré demostrar que ese retrato del Rey, que le. representa aún más joven que los primeros del Museo á idéntica edad, de rápido cambio, que D. Alfonso X I Í I por el año de su coronación, debió ser el primero que le hizo Velázqu 07 cuando vino a l a corte en 1622, y que debió hacerlo de memoria. Probé también que el otro lienzo de Villahermosa, contra la opinión anteriormente expuesta dérSr. J u s t i d e que es retrato de un hermano del Conde- duque, es de este propio personaje. í iPx, ¡íit yff; í is ai- De todo lo dicho resulta que los lienzos qué el Sr. Justi ha creído uno t f ütn solo, son los dos aquí reproducidos, de los cuales el original existe en el fií íAívr S- X día de h o y en el palacio de Villahermosa, en Madrid, siendo de la pro ¿f! piedad del señor duque de Duna; que el otro cuadro tiene todos los caractsres de ser una copia, y se halla en el Museo de Boston; y, por último, que la originalidad del primero está atestiguada por el propio Velázquez en un documento, el cual demuestra también cómo los particularcj encargaban retratos del Rey. JOSÉ RAMÓN MELIDA FrjTOGPAFJAS DE MARIANO MORENO R r C l E O A U T Ó G R A F O D E V E L A Z Q U Z Q U E P O S E E EN Z A R A U Z EL S R D U Q U E D E GRANADA D E E G A