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UN VELAZQUEZ INDUBITABLE f I A bien ganada fama del erudito hispanófiI A lo alemán Carlos Justi hace innecesaria, á 11 título de justificación de su personalidad, toda noticia de sus trabajos sobre la historia de nuestras artes. El resumen que de ella hace al frente del volumen hispánico de la Guía Baedeker, y más principalmente su obra extensa y acabada, Diego Velázgiiezy su siglo, dada á ¡a estampa en 1888, reimpresa con motivo del centenario del natalicio del gran pintor español, y ahora traducida para la revista La España Moderna, que viene publicándola hace meses, son 1 hechos ya conocidos del público culto, que esti t. ma aquel nombre como de una verdadera autoridad. Por esta razón me ha parecido más necesario, para, que la opinión del público no se pierda en coafusiones respecto de un tema tratado por el señor Beruete en la Prensa extranjera y por mí en la española, señalar un error en que por falta, sin duda, de información completa íaa incurrido el escritor alemán en La España Moderna, error que el traductor no h a procurado salvar con una nota oportuna. Hablando Justi de los numerosos retratos que del rey Felipe IV hizo Velázquez, cita, entre otros, uno del palacio de Villahermosa, y después de repetir lo dicho en 1888, es una copia añade que este lienzo se ha hecho público recientemente, llegando á ser objeto de vivas discusiones que figuró en 1892 en la Exposición Histórico- europea celebrada en Madrid con el nombre de oti o propietario y fué adquirido en 1905 por el Museo V de Boston. Él Sr. Justi, al decir todo esto, no se ha hecho cargo de que hablaba de dos lienzos con la misma imagen: uno que vio en la Exposición Histórico- europea, expuesto allí por D. Euis Navas, como consta en el Catálogo de la misma, y vendido en 27 de Septiembre d e 1904 al Museo de Boston, y otro, el lienzo de Villahermosa, que nunca ha salido del palacio de esta noble casa desde que á ella lo cedió el señor marqués de Narros, y donde lo conserva su actual propietario señor duque de Euna. Pero no se trata de restablecerel nombre del poseedor; ni la confusión entre ambos lienzos, disculpable en cierto modo, puesto que reproducen una misma imagen con L I E N T O D E V I L L A H E R M O S A O R I G I N A L D E VELAZQUEZ idénticos rasgos de postura, fisonomía, traje, etc. justificaría enteramente estas líneas. Se trata de un error de apreciación respecto de la originalidad del supuesto único lienzo. Por copia dio el Sr. Justi desde un principio el de Villahermosa, y la verdad es que ésta era la opinión general (la mía inclusive) sobre este retrato de Felipe IV joven, que al momento recuerd a el del Museo del Prado, diferenciándose en pequeños detalles, de los cuales el de más bulto es la posición de las piernas, juntas en el primero y separadas en el segundo, si bien observando despacio el lienzo del Museo se observa un arrepeiitimienío del pintor, que primeramente colocó, su figura con las piernas juntas. El Sr. Justi, al comparar el cuadro de referencia con el del Museo, escribe con acierto: Ante todo, las facciones de la cara, indiscutiblemente más jóvenes, indican un trabajo anterior. Las formas son más blandas; especialmente los ojos, parecen más pequeños, algo cortos. Se trata seguramente del primer retrato del Rey de maQO de Velázquez, su primer ensayo. Coincide exactamente este modo de apreciar la obra con lo que respecto del cuadro de Villahermosa expuse hace un año en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Pero es muy de notar que el Sr. Justi, al ver que las revistas norteamericanas saludaron como original precioso el cuadro adquirido en 10.000 libras para el Museo de Bostón, añade: Sólo puede haber discusión sobre si el lienzo es original ó copia de un original perdido, como cree el Sr. Beruete. Sin embargo, no es probable que el antiguo retrato, reformado después y aprobado por el Rey, se copiase otra ve: Dejando esta débil conjetura para sólo fijarse en el modo, al pai ecer un tanto forzado, que tiene el crítico alemán de apreciar y resolver una cuestión para la cual le faltaban elementos, es de lamentar no haya procurado adquirirlos ciertos y recientes, en cuyo caso y a p o c a costa hubiese podido asegurai se de la existencia de los dos cuadros iguales y délas circunstancias por las cuales del uno poseemos la prueba palmaria de que es el original, y considerado como tal, el otro pudo ser vendido á tan alto precio. Respecto de este segundo cuadro, bastará decir que su venta fué realizada en Madrid, en la indicada y no lejana fecha, en casa de un general, al comisionado del Museo de Boston, Dr. Denmann W. Ross, quien creyéndolo sin vacilar auténtico, pidió por el cable autorización para adquirirlo en aquella crecida suma, y que para completar ésta, pues el Museo no poseía tanto dinero, hubieron de acudir á la generosidad de la Srta. Sara W. Whitmann, que hizo donación de lo que faltaba. Es menester añadir que una vez el cuadro en Boston, y publicado en algunas revistas, ha sido muy discutida su originalidad, lo que dio lugar á que: pedida opinión sobre el particular al Sr. Beruete, tan conocedor de Velázquez, contestai- a con una carta. v