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REVISTA ANO XVI 1 ILUSTRADA NUM. 845 MADRID, i3 DE JULIO DE 1907 r m JK- tJ r 4 í S i. V í ti ÍKS í i- r j -í 1 i EL EVANGELIO D E LA OPI S N aquellos días vinieron los enviados de la diosa onunpotente, hacedora de toda justicia y de toda l injusticia, la que está presente en todo lugar y no es visible en ninguno, la que es impalpable y opriJ i J me y pesa sobre todas las cosas, la que va naciendo y formándose de átomos desprendidos de todos los cerebros y todos los corazones, y sube y flota como vapor sutil, dominando y envolviendo todas las sociedades. Y los enviados vieron á los seres de buena voluntad que trabajan su vida para perfeccionarla y apartarla de los caminos vulgares por donde marcha obscuramente el rebaño de los mortales. Y hablaron y dijeron á los que procuraban adelantarse y distinguirse: Nosotros os apresaremos con nuestros tentáculos y no os soltaremos jamás desde el principio hasta el fm, y desde la cuna, de donde á veces salís antes de tiempo, hasta la sepultura, donde os entierran otras veces antes de fallecidos. Y de los enviados de la diosa, unos se vistieron de plumas, á veces ajenas, con que escriben, según su saber y entender, el Evangelio de la fama, y otros tomaron las mil lenguas de fuego con que la predican y la esparcen por los cuatro vientos de la tierra á los oídos de las gentes. Y hallaron á los hombres inspirados del Espíritu sumo y tocados de la gracia celestial, H ámese poeta, que cuenta historias que no sucedieron y vivifica seres que no vivieron, para enseñanza y recreo de la muchedumbre; llámese artista, que da expresión y sentimiento á la tela, á la línea, á la piedra y al sonido; llámese tribuno ó repúblico, que amontona y revuelve y precipita á los pueblos, ó los sosiega y los dirige y los endereza por caminos de prosperidad; llámese sabio, que penetra los secretos de la naturaleza física, ó anahza los fenómenos de la naturaleza fisiológica, ó descubre los misterios de la naturaleza psicológica, así en lo visible como más allá de lo visible. Y cuando los vieron todavía abajo, empezando su labor penosa, en los afanes de la subida y en el comienzo d é l a cuesta, les gritaron alborozados: ¡Bendecidos los que vienen en nombre del Señor; alabados los que traen la buena nueva, los que lleo- an para rasgar los velos del tabernáculo y destruir la ley antigua y reedificar el templo profanado!