Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
gravemente, dejando al pobre penitenciario tan atri ¡Dulado, confuso y aturdido, que sólo se le ocurría maldecir mentalmente de su ingenio poético y de la hora desdichada en que tuvo la ocurrencia de escribir su primer verso. Al día siguiente el ministro de Policía recibió la oda solicitada, con una esquela del autor en que se excusaba de ir á entregarla personalmente por el mal estado de su quebrantada salud. II Pasaron cuatro años. Eíl ejército invasor había salido de España, que al recobrar por completo su indt pendencia celebraba con doble júbilo la huida del aborrecido José y la llegada del deseado Fernando. Pagó éste el heroísmo épico y el ciego cariño de los españoles como de todos es sabido, y las persecuciones contra los liberales llegaron á los mayores extremos del odio y de la violencia, sin que de nada les valiera sus denodadas pruebas de lealtad y de patriotismo. A la vez que contra los liberales pati iotas, dirigíanse los ataques de los triunfantes realistas contra aquellos otros españoles que tenían tacha de haber sido afrancesados ó josefinos aunque, en honor de la verdad, contra éstos fué menos desatinado el furor y menos sanguinaria la saña. El penitenciario poeta se encontró entonces en nuevo y espantoso aprieto, acusado por aquella oda, prueba tremenda de su afrancesamiento y de su devoción al rey intruso. La defensa del Sr. Marchena fué notable y curiosa por la revelación del ardid de que se había valido para salir del conflicto en que lo había puesto el ministro de Policía de José Bonaparte. Algunos años antes había él escrito una oda celebrando la visita de Carlos IV á las Andalucías. Aquella composición mutatis mtitanda podía servirle para salir del aprieto: mas para no violentar su con ciencia ni aun haciendo las indispensables correcciones, encomendó este trabajo á un alojado suyo, el conocido abate D. José Marchena, que por ser también un tanto poeta y varios tantos afrancesado no tuvo inconveniente en favorecerle, prestándose á hacer aquella transfusión poética Si la oda á José I se hubiera olvidado, como la oda á Carlos IV ¡quién sabe si andando el tiempo se hubiera convertido también en oda á Fernando VII en el primer viaje que éste hubiera hecho á Andalucía! Esas transfusiones poéticas como las llamaba con candorosa ingenuidad el bueno de Marchena, se han usado en épocas y en países distintos, y en algunas ocasiones con menos disgustos y con más provecho que tuvo aquélla para el señor penitenciario, que en su ligero pecado llevó pesada penitencia. III A principios del siglo x i x hubo en Francia un poeta cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros, pero de cuya única obra conocida dio puntual noticia el insigne escritor francés Néstor Roqueplan. Cuando nació el hijo de Napoleón I y de María Luisa en 1811, aquel incógnito poeta. envió al emperador los cuatro versos siguientes, que le valieron u n regalo de 5.000 francos: si l éti- anger coiiimc un seul horame im jour voulait iious asservir, autour du noble roi de Rome jurons de vaincre ou de raourir. En 1820 vino al mundo el duque de Burdeos, hijo, del duque de Berry y de María Carolina de Ñapóles, llamado por el nuncio de S. S. el hijo de Europa y por otros el hijo del milagro y aquel aproveL- hadovate arregló su cuarteta, que presentó con ligeras variantes, obteniendo por ello un donativo de 3.50o francos: si nieditant notrc ruine l étrani er veut nous asservir autour Axíjils de Caroiine jurons de vaincre ou de mourír. Cayeron los Borbones de PVancia; ocupó el trono. Luis Felipe, y su primogénito el duque de Orleans, casado con la princesa Elena de Meckleniburgo, tuvoi en 1838 su primer hijo, el conde de París. La cuarteta, con las modificaciones necesarias, volvió al palacio real, y de nuevo proporcionó á su autor un obsequio de 1.500 francos: si dans son implacable liainc l étran er veut nous asservir, aupres du noble de Hélene jurous de vaincre ou de niourir. Aunque el provecho de aquella transfusión poética iba siendo menor cada vez, el autor quiso darle un nuevo golpe al advenimiento de la República, en. 1848, y presentó su obra con estas modificaciones: Ah! si jamáis dans sa furie l étranger veut nous a. sservir pres de Paidet de la l atrie jurons de vaincre ou de iuourir. Pero en aquella ocasión no faltó quien conociera la historia de la cuarteta, y cuando el poeta fué á reco ger el prerrtio de su lucubración, le entregaron un sobre cerrado, que no se atrevió á abrir hasta hallarsecompletamente solo. Entonces vio que únicamente contenía un pliegoen que estaban escritos estos otros versos: Pour chanter chaqué monai- quic les méraes vers vous ont serví, inais renoncez á l industrie que sí longtefflps vous ii nourri. Y debajo esta expresiva advertencia -La República no paga adulaciones. Sin embargo, parece que consiguió algunos días después un modesto donativo de 20 francos. El ingenioso y aprovechado poeta, que con dos ligerísimas reformas ó composturas había sacado ya á sus cuatro versos nada menos que 10.000 francos, sequedó como quien ve visiones ante aquella tacañería Si él hubiera sabido la historia de la oda del doctor Marchena, se habría dado por muy satisfecho. A él, por lo menos, no le costó ningún disgusto su prod- uctiva transfusión poética FEUPE P E R R Z Y GONZÁLEZ