Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
N: T R A N S F U S I O N E S POÉTICAS l t, Dr. D. Manuel María de Arjona, insigI ne poeta y canónigo penitenciario de la catedral de Córdoba, se encontró, á principios del año de 1810, en un terrible y abrumador aprieto. El 21 de Enero, el ejército francés, mandado personalmente por José I entró en Córdoba, donde fué recibido con tales agasajos, que, al decir de algunos historiadores, el mismo rey intruso declaró haber sido tratado en la antigua ciudad patricia coino no lo había sido en ningún otro pueblo de ¡España. Todos aquellos agasajos no fueron, sin embargo, tan verdaderos y espontáneos como acaso se figuraba el buen Pepe Botellas y desde luego hubiera él deseado. Al día siguiente de la entrada en Córdoba de las tropas invasoras, el ministro de Policía que acompañaba á Bonaparte se presentó en casa del penitenciario poeta, causando, al anunciarse, la sorpresa y la alarma consiguientes. ¿Es vmd. el Sr. D. Manuel María de Arjona? -le preguntó el ministro con tono seco, faz adusta y gesto nada tranquilizador. -Servidor de vmd. -contestó Arjona, procurando aparentar serenidad que desmentían su voz temblorosa, su pálido rostro y la turbación natural en quien E temía algo desagradable de tan inesperadas extraña visita. El ministro de Policía aumentó su inquietud mirándolo con cierta severa fijeza, y dando giro aún más alarmante al interrogatorio, siguió preguntando: ¿Es vmd. autor de u n a oda en honor de los vencedores de Bailen que por ahí corre impresa? El infeliz penitenciario, creyendo llegada su última hora, bajó tímidamente los ojos, tragó saliva trabajosamente, y á la vez que se encomendaba i n íttenie á Dios y á la Virgen y á todos los santos y santas de su mayor devoción, balbució con voz casi imperceptible algunos monosílabos. -Yo... si... la... -Está bien- -dijo interrumpiéndole el ministro; -la falta es grave; pero podrá ser perdonada si vuestra merced pone su inspiración 3 su talento al servicio de nuestra causa y da la bienvenida á nuestro augusto soberano (q. D. g. en otra composición poética, laudatoria y entusiástica, digna del ingenio de vuestra merced y de la excelsitud y grandeza del objeto. Y ahora dejo solo á vmd. para que en ello piense y ponga manos á la obra, que mañana deseo tener en las mías para entregarla al rey nuestro señor y mandar copia de ella á la imprenta para que todos la lean y la admiren. Hizo el ministro un ceremonioso saludo y retiróse