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ivmüAívin CATULLE MENDES ON el título de Les samedis de madame se escuchan en el teatro del Gymnase conferencias I de gran interés; sin embargo, y a el público principiaba á mostrarse indiferente. Ha sido necesario q u e aparezca en l a escena una mujer inteligente y bella para que los sábados vuelvan á estar de moda. La señora de CatuUe Mene e s lia dado una causerie que ha obtenido tan gran éxito, que se vio obligada á repetirla. El tema elegido no puede ser más atrayente: El niño en casa de los poetas. La señora Jeane Mendes, poetisa de exquisita sen. ibilidad y de reputación conocida, ha tenido el talento de escoger una serie de versos dedicados á la infancia. Asunto esencialmente femenino por la dulzura que encierra y su sentimental ternura. En ver dad, no se puede concebir nada más femenino que el amor casi sagrado que inspiran los niños, y más aún cuando están enalteeidos por la poesía. ¡Oh! la poesía que no ondula entre lirismos extravagantes ni se embriaga con perfumes voluptuosos; ¡la bella poesía! que nace de un alma sana y sentimental, la que nos conmueve y nos hace vibrar de emoción ante el pesar que nos causa la enfermedad de un hijo, ó de alegría cuando él nos sonríe. Jeane Mendes, dando prueba de un gusto poético imponderable, nos hace escuchar, entre otros, los encantadores versos de la condesa de Mathieu de Noaille, de Gerard d Houbille, de Desbordes Valmore, de Víctor Hugo, de Malherbe y los de la señora Eaparcerie Richepin. En todos ellos se refleja la ternura del amor que el niño despierta en s u s padres cuando balbucea la primera palabra, cuando va por primera vez á la escuela, en el aniversario de su natalicio, y también algunos revelan el dolor inmenso que causa la muerte de un hijo. Artistas deliciosas de belleza y elegancia recitan estas poesías, y en parte, al arte seductor de saber decir se debe ese momento de placer. L, a Srta. Berthe Bady 3- el S r d e Max recitan á Víctor Hugo, y lo hacen magistralmente, como es de esperarse, dada la C reputación de artistas de primer orden que con justicia gozan. L, as artistas Ventura y Marie Leconte son de una gracia sin par. Para mostrarnos el mérito literario de las poesías recitadas, tenemos á la Sra. Mendes. Sin profundizar en disertaciones y críticas que martirizan la inteligencia por su aridez, la conferencista nos hace notar las frases más intensas, lo que existe e más hermoso, de sublime en aquellos desbordamientos de ternura humana. Jeane Mendes, cuando habla, lo hace con amenidad y sin pretensión; su labor parece fácil y espontánea. El eseucharla es tan agradable como cuando se la mira, pues sus ojos negros son de una belleza nada vulgar. Sólo sentimos que no se reciten las poesías que ella escribe, intensas y apasionadas, casi siempre con un colorido triste; alguna vez lo exagera y llega hasta el escepticismo, como en la que titula Hora mortal de la que transcribo unos versos: Je sais oiejí que je suis faib c. Je veux partir. Je sais bien que ta voix me suivra sur la route que longtemps, sous ta voix, je frissonneraí toute du frisson que 1 on sait lorsque Ton va mourir. Je veux vous fuír: je souffrc trop. Je veux atteindre le pays ou tout mcurt, ou tout est reposant, ou seulement on voít, pálc, á peine luisant, quclque vague solcil se lever et s eteindre. Le pays ou plus ríen n est doux ni trjomphant, ou rien de la beauté ni du revé n existc... León Blum, al hablar de las novelas escritas por mujeres, dice: Salvo las excepciones geniales de los Stendhals, Balzacs, etc. los mejores novelistas son mujeres y nos cita á Marcel Tinayre, Jaque Vontade (señora Bulteau) á la señora de Henri de Regnier, á Jeanne Marín y á otras novelistas que gozan de igual reputación. Y bien, nos preguntamos, si al leer las poesías modernas, después de haber saboreado las de la poetisa de los ojos negros, no se podrá. citar á la señora de Catulle Mendes como á uno de los mejores poetas contemporáneos. EvANQELlNA