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si ar- íMgi. ORIGEN DE GOBERNADO STABAMOS al final de la comida, cuando uno de los criados tropezó en uno de los aparadores del comedor y desconchó una magnífica fuente. El criado se quedó un momento perplejo, pensativo, y luego dijo en tono ligero, mientras miraba el desconchado de la porcelana: iSío tiene importancia El que nos convidaba á su mesa era Quintanilla, el ilustre político; éste se hallaba contando una amena anécdota de su vida parlamentaria y al oir la frase del criado, se detuvo, lo observó con una de aquellas miradas inquisitivas que todos recordamos, 3 volviéndose á nosotros luego exclamó lentamente: Este, maestresala merece ser gobernador como el otro Nos chocó laírase del gran político. ¿Qué quería decir con esto? Todos pusimos en él nuestros ojos llenos de ansiedad. Quintanilla no se hizo de esperar y dijo: -He dicho que esto criado merece ser gobernador ájuzgar por lafraseque acaba de pronunciar. Y he añadido: co! zo eloiro, porque, en efecto, a, quí en esta easaliubo otro maestresala que, por demostrar las eminentísimas cualidades que éste acaba de descubrirnos en dos palabras, fué á ocupar un gobierno de provincia. Este criado á quien aludo era un hombre como todos; nadie, ni yo mismo, podíamos sospechar que en él se encerrase un profundo y sabio gobernante. Ün día, de pronto, estando arreglando mi despacho se le cayó de las manos un hermoso barómetro que yo tenía sobre la niesa; el artefacto se estropeó, pero mi criado no se inmutó por esto; lo recogió del suelo y dijo: JN O t s nada; no stiene importancia Me chocó un poco la frase, pero no quise decir nada. Otro día el mismo criado, no sé cómo se las arregló que hizo qué uno de los espejos de la casa se partiera en una larga grieta. Estaba yo delante; me miró el criado y con voz reposada me dijo: Esto es poca cosa; no tiene importancia Esta segunda frase me hizo: pensar más que la primera; pero. tampoco me atreví á decir nada. Pasaron unos días; el criado, al hacer una mañana la limpieza, rompió una magnífica estatuilla que yo estimaba mucho; lo que había hecho era quitarle un brazo; él lo recogió de la alfombra, hizo ademán depegarlo al hombro de la estatua y exclamó: Esto se arregla fácilmente; no es nada; no tiene importancia Ante esta tercera frase- -piosiguió diciendo Quintanilla- -yo no pude contenerme. Era yo entonces presidente del Consejo; estaba entonces vacante uno de los primeros gobiernos civiles de España; al día siguiente, en la Gaceta apareció el nombramiento de mi criado. Ustedes comprenderán que este hombre tenía la primera, la más alta, la más fundamental condición de un gobernador; es decir, poseía el arte supremo y maravilloso de quitar importancia. Todos miramos sonriendo al ilustre político y asentimos á sus palabras. AZORIN DIBUJO DE HUERTAS