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E L AUTOMÓVIL Y EL PE 7 7 0 í or angosfa aarreíera que va de un pueblo á ofro pueblo, un aulomóoil marchaba veloz oomo el pensamienro. Muías, gallos y gallinas, cabras, ovejas, corderos... iodo, en fin, lo que S su paio representara un frop: ezo, o en dispersión lo ponía ó lo arrollaba viólenlo, sembrando por ledas parles la desolación y el miedo. ICn mastín que, auidadoso de la hacienda de su dueño, se hallaba á la, fresca sombía, es claro, tomando el fresco, nervioso (porque también tienen los mastines nervios) rápido saltó al camino, y arrogante, altivo y fiero, lumbre echando por los ojos, plantóse, como diciendo: Señor automovilista, ya me atufé, ¡vive el alelol y por aquí nadie pasa sin permiso del portero. ÍPero ¡ayl que el valor no sirve de la fuerza ante el Imperio; ¡que en esta vida el más bruto es ei que se lleva el premlol el vehículo avanzando, arremetió contra el perro, cortando de su existencia los esforzados alientos, Jíuesfro distinguido sportsman el coche paró, y, volviendo la cabeza, con asombro miró el cadáver sangriento, y al lado suyo un pastor contemplándole suspenso, mostrando en su faz visibles señales de sentimiento. -S u e n hombre- -dijo el señor, -deploro mucho el suceso; mas yo no tuve la culpa; el can se puso por medio, y él mismo se dló la muerte. ¡lía lo he visto, no lo niegol- ¡ff ero soy un hombre honradol- -Más vale así... -Ifn naballero, y si produzco un perjuicio en el aato h, remedie- ¡Sso debe sérl Jío Ignoro lo que valen estos perros... ¡Mucho, señorl- -Jl ellos deben la tranquilidad los dueños, pues defienden sus ganados, sus viñas y su dinero. sino puedo el valor. total del animalejc, te doy estas cien pesetas. -Sraclas. ¿Ce quedas contento? ¡Muehol- ¡3 ues adlósl -Mió) ¡y que lo halle usté en el oielol Subió el. i- sportsmaw- al cochoj y de allí se fué corriendo... Snfretanto el buen pastor, sonando, alegre, el dinero, exclamaba: ¿Quién demonios será el amo de este perro? ToMA 3 LUCEÑO