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ÍÚPO T E VI S T A ANO XVII I LUSTRA DA N U M 843 MADRID, 29 DE. JUNIO D E 1907 TK 1 V 4 -HS íilí CAPULLOS DE AMOR T I A mañana era espléndida; el sol doraba el alegre caserío de Cintra, oculto coquetonaniente entre las I f frondas; refulgían las viejas chimeneas del palacio árabe cual dos enormes gorros de mago, y la reidora S -X claiidad iba penetrando en la espesura de los bosques, en los entoldados jardines desbordantes de perfume y color, en las escondidas y trepadoras sendas que asaltan la fantástica sierra de la luna. I,o s cocheros apostaban los carruajes junto á la diminuta estación; los eléctricos esperaban inmóviles la llegada del tren, y los mansos burriños- la tradicional cabalgadura de las excursiones portuguesas, brindaban pacientemente sus lomos adornados de jamugas y de sillas de cuero. En la obscuridad del túnel parpadeó una pupila inmensa, roja; un humo azulado henchió las fauces de la rasgada montana; el tren se detuvo, y el andén fué invadido por una multitud alegre, dominguera, en que aleteaban flotantes velos y se distinguían exóticos tocados de viaje. I,o s guías rodeaban á los extranjeros con asfixiante solicitud ofreciendo el lando para ir á Monserrat ó Collares, el burriño para subir á Pena, el guía práctico para ascender al castillo de los moros, para visitar el palacio de los antiguos reyes, para otear por la montaña, reclamando en portugués ó en chapurreados idiomas el número A tostones, hasta de míseros Í que demandaban por sus servicios. Junto al eléctrico, pomposamente rotulado Cintra a Océano, un muchacho sujetaba pacientemente dos burriños. Varios compañeros habían demandado su cooperación para complacer á un grupo de caprichosas inglesas que exigían la cabalgadura típica de Cintra; pero el rapaz se había obstinado en su aislamiento. -Sostengo alquilados; perdonen vuestras excelencias. Y seguía impasible junto al pretil de piedra que sirve de balaustrada á aquel balcón natural, que se