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REVISTA LUSTT ADAF A N O XVII M A D R I D i5 DE JUNIO DE 1907 N U M 841 T; Í j Í. Í: ÍÍ i i V SUPERSTICIÓN T A vieja gitana subía lentamente por la empiI f nada veredilla que conduce al rellano de la P casa dfe los Alamos. Su ijadeo y paso cansado denotaban á las largas el corretear constante que durante el día y en demanda de limosna llevara por los caseríos del Pago. -Dios guarde al as buenas almas. Una muchaclia que removía con el corvo almocafre un arriatillo sembrado de rosales de pitiminí, malvalocas y periquitos que festoneaban el muro Poniente de la casa, enderezó el cuerpo al oir la salutación. -Y á ti, Pilonga- -dijo entre temerosa y desconfiada. ¿Adonde tíueno caminas? -Adonde encuentre un buen pecho que me socorra y me deje dormir en un rincón. Tiró en el suelo elnudoso garrote que para librarse de ataques caninos consigo traía, y echó atrás sobre su cuello el bisunto pañolillo que sujetara su revuelta pelambrera ceniza. La cara de la gitana era pequeña, arrugada y de negruzca color; los ojuelos, menudos, bizcos y esnñrnados; corta la nariz y grande la boca. Parte del huesudo pecho estaba al descubierto por un roto del juboncillo, y la falta de un gran pedazo á la enagua dejaba ver una pierna ayuna de carnes y semejante á un troncón de alcornoque sin corteza. ¿Estás mejor, capullo? -preguntó sonriente la vieja. -Sí, ya... Las calenturas se cortaron; pero por si vuelven, bajó hoy mi padre al pueblo por quinina. No ha de tardar. Madre está lavando en el arroyo. Como secuela de su enfermedad, la cara de Margarita imitaba la lividez opalina de la cera. Los ojos los tenía azules y rasgados; la boca, peq; uena, de labios finos, un día encarnados y ahora exangües; el pelo, castaño, de sortijas indómitas, que se escapaban para besar su frente inmaculada. ¿Y cuándo te cogieron esas OTa CTaí. -Para San Pedro va á hacer tres meses. Estuve muy mala. El amo le dio á mi padre unas pildoras, que sin ellas me come la muerte hace tiempo. También tomé, hiél d é l a tierra. -Pero no té curaste- -interrumpió la gitana. -Si tu madre me hace casoy pone un cocimiento de asadura de tejón y raíz de cornicabra... -Padre no quiso; decía que eran guisos dañinos y embustes tuyos: Y tanibién nos dijo á madre y á mí- -añadía la hiña con voz apagada y medrosa- -que cuando vinieras no te diéramos limosna, enseñándote el camino para que por él te marcharas; dice que ha-