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LA VIDA E. n VLDECIA LA LLEGADA A VENECIA ü n estas notas de la vida en Venecia no nos proponemos escribir un artículo literario sobre la perla del Adriático. Ni ios recuerdos de la agitada historia de aquella República aristocrática, ni las bellezas arquitectónicas de sus monumentos, que reflejan sus artísticas fachadas en el terso cristal de sus lagunas y canales, con ser tan interesantes y tan bellos, han de figui- ar en estas líneas. Refiérense éstas únicamente á las góndolas que en las fotografías que publicamos aparecen, y que hablan á los ojos y al espíritu con esa doble elocuencia clel objetivo que ni la voz ni la pluma logran reunir. El propósito del que escribe estas ligeras notas no es otro que el de rogar á los lectores que no miren las góndolas de Venecia como simple medio de locomoción. I a góndola veneciana no es la rival de í a corrocella de Ñapóles. Esa embarcación larga y estrecha, en cuya proa se yergue la acerada alabarda, en cuyo centro va colocada la litera misteriosa y en cuya popa se destaca la figura del gondolero que la conduce con su largo remo, como Carente su barca; esa góndola negra, por decreto del siglo xv, dado para, contener el excesivo lujo que en ella ponían las rivalidades de los opulentos, esa es única en el mundo, de la misma manera que lo es la ciudad que la ha creado, así por su situación como por su forma, así por su historia como por su arte. Esa ciudad única ha transmitido á la góndola una parte de su espíi itu, j- el pueblo veneciano profesa á la góndola un cariño filial, porque ella ha sido la cuna flotante que le llevó á a pila bautismal al venir al muqdo, y ella ha de servirle de fúnebre lecho en su último viaje á la isla de San Miguel, donde ha de dormir el eterno sueño. Unidos á la góndola van ios recuerdos de los más interesantes momentos de la vida. En ella se cruzaron las primeras palabras de cariño entre los enamorados, en voz baja, cubierta por el golpear del remo que hiende las aguas y por el grito gutural y carac terístico de los gondoleros.