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-Buen ermitafio, ararías v adiós. Es preciso que pr. rta. Fatarik estará impaciencc. ¿Viajare! día en que Nuestro Señor fué crucificado y murió para rediu ¡irnos? ¡No hagáis tal, señor caballero! ¿Pero qu. é tenéis? ¿Por qué palidecéis? ¿Decís que hoy es Viernes Santo? ¿No lo sabíais? -No. Y si asi es, razón demás para que me vaya, porque pasado mañana es Pascua y el señor de Kerbler casará á su hija con otro si yo no estoy allí. ¿Y quién podrá salvaros de los malos espíritus de la landa y de los bosques, libres y errantes hasta que suenen las campanas á Gloria? Pero Yannik, sin oirle, había saltado sobre la silla de su corcel, lanzándole á galope sobre la floresta. Hacia el mediodía detúvose para beber agua en un arroyuelo, sin reparar en una brujita que se estaba peinando con un peine de oro. ¡Hu! ¡hu! ¡hu! -díjole ella. -Esto arroyito es mío, y el que beba sus aguas tiene que bailar conmigo una hora. -No puedo perder una hora, buena madre; Fantik me aguarda para casarnos- -y sonreía Yannik pensando en ella. ¡Hu! ¡hu! ¡hu! Quien ría en viernes llorará en domingo- -y la brujita, cogiéndose de las manos del caballero, comenzó á dar vueltas locamente. ÍBVfV I Cuando le soltó, el sol se ocultaba tras la arboleda, y los pájaros volvían á sus nidos. El desgraciado había perdido media jornada. Más inquieto que nunca, montó á caballo y llegó hasta un estrecho sendero en cuyo centro se elevaba un álamo secular. Entre sus grandes raíces resplandecía un charco de agua ilovida y una escudilla, que parecía allí puesta para tentar á Yannik, cuyo gaznate ardía. Aseguróse de que nadie le veía, y dejándose caer en tierra, metió la escudilla en el agua, más fría que el hielo; pero al llevársela á los labios, resonó el galope de un caballo. Un caballero, con el arnés y el caballo más negros que la noche, venía sobre él lanza en ristre. Yannik apenas tuvo tiempo de montar y de arrojarse á su encuentro. Durante dos horas pelearon, iluminando la obscura noche con las chispas que brotaban del. choque de sus hierros, hasta que en una última acometida, desarzonados ambos, rodaron por el suelo. Rápido como el pensamiento se levantó Yannik, con la espada desenvainada, para buscar á su enemigo entre las sombras, pero no le halló. Llamóle á voces y sólo le respondieron los relinchos de su caballo, que se llevaba el caballero negro allá a l o lejos. entre los árboles por donde había venido, y las siguientes palabras ahuecadas por el viento: ¡Hu! ¡hu! ¡hu! Así ai renderás á usar mi escudilla. sin mi permiso... Era media noche. Como no tenía caballo, Yannik tuvo que despojarse de su armadura para continuar andando. Cortó tina gruesa rama para apoyarse, y comenzó á subir la montaña. Pero su sed era tan ardiente, que su lengua hinchada se le pegaba á la garganta. En aquel instante un rayo de luna iluminó la entrada de una gruta en cuyo interior resonaba el murmullo de una fuente. Se arrodilló y rezó á la Santa Virgen de Armórica, rogándola que apartase los espíritus malos mientras beoía. Guando se levantó, un niño vestido de blanco lloraba en el umbral de la gruta. -En vez de beber- -dijo á Yannik- -coge esta piedrecita; mientras la lleves en la boca no tendrás sed ni hambre. Y, en efecto, Yannik, que así lo hizo, se encontró tan satisfecho como si acabara de comer y de beber. -Y tú que así lloras, hermoso niño blanco, ¿no puedo hacer nada para consolarte? -Contra mis peñas no hay consuelo. Todos los ángeles lloran hoy lo mismo. Quien llore el viernes, reirá el domingo- -y el niño desapareció como las palomas entre un batir de alas. Por la mañana, Yannik llegó á lo alto de la montaña, y desde allí vio el mar de Occismor allá á lo lejos como una raya azul. La distancia que á caballo hubie ra recorrido en doce horas, le hizo invertir dos jorna: as de terrible marcha, y cuando quiso entrar en la casa de Fantik los criados no le conocieron; tal era su miserable aspecto, con el traje hecho jirones y los oies ensangrentados. -V obre hombre- -le dijeron, -las bodas se han concluido, y ya no hay limosna. En este instante el esposo espera á que las doncellas despojen de sus adornos á Fantik. Como un loco, Yannik, con la espada desnuda, se lan; ó sobre los que intentaban detenerle, arrollándolos á todos, iricluso al marido; y saltando sobre ellos, llegó á la cámara nupcial, sobre cuya cerrada puerta golpeó rudamente. -Un momento, señor- -contestó u n a voz de mujcr. Vuestra humilde esposa aún no ha terminado su tocado. ¡En nombre del cielo, abrid! ¡Yo soy Yannik... La. respuesta fué un grito desgarrador. Yannik derribó la puerta, mientras Fantik tendía hacia él sus manos implorantes. -jYannik, mi único amor! ¿Por qué llegáis tan tarde? He tenido que obedecer á mi padre... Mas ya lo veis, antes que ser de otro hombre, mi corazón se rasga... y muero. Y cayó, mientras sus miradas, fijas sobre Yannik, -se extinguían suavemente. Yannik permaneció toda la noche velando el cadáver, sin que nadie se lo impidiese, y al día siguiente, después de besarla en la frente... partió hacia la ermita y allí vivió haciendo penitencia, y cuando murió el ermitaño ocupó su sitio bajo los grandes árboles del bosque sombrío... EMILIO V E D E L DIBUJOS DE MÉNDEZ BHIXGA