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f. 1 4 i r I í LOS YANTARES últimos del año pasado ocurrió en IvOndres un acontecimiento notable, extraordinario; podemos decir que el más interesante de todo el año. En el palacio de la Horticultura, en Westniinster, la señora duquesa dé Albany inauguró una Exposición. Una Exposición es una cosa corrietite, vulgar; pero esta Exposición era una excepción de la regla. Se trataba nada menos dé la décimasexta Exposición de alimentación y culinaria. Inútil será decir que allí se presentaron cosas altamente: suculentas y gustosas; los cocineros con su. corte de galopines, sollastres y marmitones enviaron allá lo más exquisito que su arte les sugirió; los reposteros, pasteleros y confiteros rivalizaron también en enviar á la tal muestra ó alarde universal toda suerte de viandas, mantenencias y gollerías; daba gusto ver aquello- -según nos cuentan los que lo vieron; -las bocas de los afortunados- visitantes se hacían agua, como vulgarmente decimos. Nosotros no tuvimos la fortuna, ni de estar en Londres en aquella ocasión, ni mucho menos de visitar la dicha feria, muestrario ó Exp. osición. Pero ya que allí no estuvimos, séanos lícito, apoyándonos en las reglas de la, propedéutica, y de la. lógica, sacar alguna enseñanza de este hecho laudable. Se expusieron en Londres. toda clase de alimentos y. condi- mentos; nos parece esto bien. Creemos nosotros que la base del carácter, d é l a psicología de un pueblo es la alimentación. Conociendo de qué manera come una nación, conoceremos cómo piensa y cómo siente. Eche- mós la vista atrás y veamos lo que hacían en España nuestros abuelos; su comida era sencilla, simple, austera; tenían muy pocos guisos á su disposición; el estofado, el salpicón, el almodrote, las migas y el. cocido han sido y siguen siendo los fundamentos de nuestra nacionalidad. Todos estos guisos eran algo pesados; se levantaban de la mesa aquellos señores saciados, sí, pero un tanto molestos, un poco mohínos; al día siguiente, cuando se sentaban ante la mesa, la dueña ó el escudero volvía á sacar el eterno salpicón ó el per- durable cocido; todo el a ñ o e s t a votT. ción se daba por la mañana y. por la tarde. Consecuencia de ello, eran los pensamientos uniformes, la tristeza, la monotonía, la rectilinidad en el carácter, la hosquedad. Nuestra historia, nuestras hazañas en América, nuestra conducta en Flandes, tiuestróprocedeír coñ. los moriscos, eran indudablemente una consecuencia del cocido diario. No podía seguir esto así; las comunicaciones con el extranjero se hicieron, más fáciles; leemos libres de extrañas literaturas; andando el tiempo se inventó. el ferrocarril; vinieron, cocineros de fuera; en las grandes ciudades los platos antiguos, recios y castizos fueron desecnados; se impuso la, variedad y l a psicología nacional fué transformándose. Hoy estamos ya en vías de más amplia transformación. Celebremos en Madrid una Exposición culinaria; la explicación materialista que cierta escuela moderna da de la historia, es cierta. Comamos cosas ligeras, delicadas y suculentas; comamos cosas que pesando poco eti nuestro estómago nos alimenten mucho, y nuestro carácter será tolerante, amable é indulgente con los desatinob y locuras del hombre. AZORIN rjiBujo Dn rspi