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REVISTA AÑO XVlI ILUSTRADA N Ú M 839 M A D R I D i.o DE J U N! 0 DE 907 lUti 4 kSÉ 5 LA ALBARDA DEL DUQUE l L duque Paolo, de Ferrara, liabía tenido un I mal día. Por la mañana recibió agria reconI vención de su aliado I orenzo, el de Florencia, sobre ciertos manejos del cardenal Doria; j el embajador florentino, sutil y escurridizo como hombre empapado en olorosos aceites, le había cortado la digestión con sus dulces amenazas. Había encargado á su poeta de Cámara Andrea el veronés, fugitivo de Padua, u n soneto digno de la robusta hermosura de la señora Jerónima Tacca, esposa del viejo gonfaloniero de Milán, y en vez de cantar á la espléndida matrona, que podía figurar en el Triunfo del Otoño, en las bóvedas ducales de Venecia, había salido cantando á un tallo de lino entre verde y oro, Mue al menor soplo de aire temblaba, en su delgadez. L l poeta alegó haber entendido que el soneto se ase; aba contra I aura, la hija del impresor Lucifems, d- la que también elduque se mostraba rendido a l p a r c o r Solo y meditando se hallaba el pobre duque en su intimo camarín, cuando entró su gentilhombre, su amigo y compañero de placer. Francesco de Brindice era sobrino de un duque, pariente de un Papa, deudo de un cardenal. No tenía un florín, y vivía de otro duque, de otro cardenal y de. otro Papa. -Tu anillo de ópalo, que revela el veneno, si acierto, duque, en lo que estás pensando. -Puedes doVir. -Piensas en Carlos de España y en Francisco de Francia; y dices: Ellos se dieron buenos testarazos; pero ninguno fué duque de Ferrara. E -Perdiste. Pensaba en que es muy mal día el que comienza en riña y acaba sin amor. ¡Qué sabemos! Al mísero Andrea le he conminado con ahorcarle si no remienda bien el soneto. Le he recomendado que se inspire en la estatua de Juno que tienes en la escalera. Setenta arrobas pesa. ¿No oyes? Ve á saber qué ceremonia es ésta. No quiero que me fastidien con más quejas de tributos. -Voy. (Volvimdo á poco) Duque Paolo, es el síndico del Tribunal de los Oficios que viene á entregarte una herencia. -Te daré las primicias. ¿A quién heredo? -A Jácome el tullido, que pedía sobre un burro unas veces, y otras debajo. -Amigos éramos. Di á esos que entren. (Entra el síndico con los escribanos y alguacilillos. Duque Paolo, de venerado linaje y sangre esclarecida: Jácome el tullido ha muerto, y el Tribunal de los Oficios viene á cumplir su voluntad. Las ánimas que no encuentran cumplidores, vagan solitarias por la llanura. -Decid. -Este es su testamento: Lego á Dios mi ánima pecadora, y á la tierra este cuerpo miserable, que ¿e ella misma fué formado. ítem: lego al duque Paolo, mi señor, la albarda sobre la que paseé cuarenta y más años mis fullerías y muchos pecados, en restitución de los bienes de él recibidos; y para que la haya y disfrute como avisado que es, y del regalo se aproveche. ¿No hay más?