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1 S ó -I i JARDJN INTERIOR STU es un jaraín interior colocado en medio de la ciudad, cerca de los tranvías eléctricos los alma cenes de mercería, las casas de vecindad... ¡todas esas cosas eminentemente prosaicas con aue se adorna la civilización! Es un jardín intimo y recatado, bueno para. los filósofos, para los poetas para los ancianos y para los niños, para todas las almas profundas. Y ahora el jardín está florecido Este es un bello jardm. Tiene una cintura de árboles muy tupidos que le resguardan del contacto de la vida ciudadana, y como una doncella que se escondiese detrás de un manto el iardín mués tra la pompa de sus flores allá en el secreto y en el silencio, bajo la mirada vehemente del sol Tiene el jardm bel os arboles, algunos de ellos poblados de blancas flores, y tiene fráo- iíes arbustos que apenas si pueden resistir el beso tímido d é l a brisa. Hay grandes magnolias, q u l bien pronto florecerán con flores inmensas, suaves, femeninas y de sensual perfume; hay unas palmas enanas que suenan, sm duda, con los climas exóticos y abrasados y con los pájaros de plumas ¿u l t i c o l C r e? h a TM a s de ce, violetas, Jazmlnes y hay dos sauces románticos que doblan sus ramas sobre el agua del estanque v a u l parecen llorar quien sabe qué ocultas y misteriosas aiiíarguras. í i- inque y que Pero lo mejor del jardín son los seres que lo habitan. Gorriones, infinitos gorriones que se han cansado de a í P? S y tejados y que ahora llegan al jardín atropelladamente, se buscan, se unen en ban dadas, char an y ríen, saltan por el césped, ocupan los árboles, chillan y alborotak como muchachos un pavo real, magnifico de vanidad aristocrático, indiferente á cuanto no sea su hermosura; dos faisanes e beUos finos, como un simbólico adorno del palacio de un duque, y los patos. iaibanes esoeitos, ¡Oh, los patos! Tan grotescos como son y, sin embargo, tan atrayentes; tan fea como es su voz v sin em baigo, tan cariñosos: caminan de la manera más torpe; son plebeyos y ordinarios; no saben volar ni lervií e de ninguna actitud gallarda; vagabundean por el césped y por los senderos; se comunican entre s f c o m o viejos marinos, con elmismo paso de un marino, achaparrados y zambos, y, ü timamente, se zambullid en e agua, graznan, sacudense las alas tan alegremente y navegan, se deslizan suavemente amomien en el Aquí se respira bien. ¡Oué silencio tan amigable! De bruces sobre el pretil, viendo el ao- ua tersa del es tanque y los pececillos bonitos que nadan sin cesar; aquí, donde no hay ru do ni afanes ni apiñas tiene Zn JU T M P r íf tar una imagen del pasado; aqi. í, que hay sol y calma, y s S e r s e n c i l l o s y p antas bellas, ¡oh, que dulcemente pasan las horas, con la aterciopelada blandura de una ala de ave P a r e c í que el alma de tan serena como está, quiere asomarse á la superficie, esa alma tímida y virc en que íiuye de la aspereza del mundo, y que se esconde en lo más cerrado de nu 2 stro ser T anciano, pisando poco á poco, y su mirada se detiene melancólicamente en un arbusto floridopasan unos nmos sonrosados, llegan al estanque, ven un pato y gritan, alargando la mano como hacia un i X A altivamente, vuelve la vista de soslayo y grazna todo l l e n o T L d f g n a c X y se zam bulle en el agua, todo lleno de desprecio por los necios y vorace! hijos de los hombres... J. yVí. a SALAVERRÍA Djcujo D nsri E