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iíS K Í ¿i- X X r 3 LOS OFICIOS- EL M O R E N E K G T A casa se levanta en uno de los lados de la hondonada; todo el llano verdea con el alcacel temoranoI f entre este verde aparecen las manchas rojizas, ocres, de los eriazos y de los barbechos Allá en el M- A fondo, recortándose sobre el horizonte límpido, se columbra la vieja ciudad con sus torres v sus cú pulas. I.O S esquiladores han llegado esta mañana á la casa. Es primavera; los árboles están en florcantan las cogujadas y las alondras; unos viejos cipreses que hay en un pequeño iardín detrás dé la casa, diñase que sienten un estremecimiento de vida y que salen de su inmovilidad de su rio- idez secular. Xps esquiladores han traído unas enormes tijeras anchas y unos aciales. Son ellos el vieio tío Tuan Manuel y Perico. Ya los estábamos todos esperando en la casa, b e sientan u n poco en el novo aue hav en la puerta y charlamos un rato. i- J H y C ¿Qué hay, tío Juan? -decimos. ¿Qué pasa por el pueblo? -N da- -dice él dando golpecitos con el eslabón sobre el pedernal. -Nada; anoche se murió Pedro Luis el de la Tomasa. ¿Pedro Ivuis el que vivía en la calle de las Angustias, al lado de D. Bartolomé el médico? -Justo; le dio un dolor por la mañana, se acostó y por la noche ya estaba muerto H a y u n momento de profundo silencio; se oyen resonar los cascos de las muías sobre el zaguán empedrado de la casa y todos volvemos la cabeza. Los esquiladores se levantan y comienzan su tarea. Perico prepara en un platillo unos polvos negros para aplicarlos á las heridas cjue puedan resultar del esquileo- él es el morenero. Las tijeras hacen un ruido sonoro; calla el campo espacioso con sus sembrados verdes. Y á lo leios sobre el cielo puro, radiante, se destaca la vieja, la amada ciudad con sus cúpulas y sus torres. AZORIN