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roto el motor; lo he roto todo, y por mi voluntad soy un ser libre y fatigado que desea morir... (I a joven da lentamente la vuelta á la habitación, tante- andccon la mano todos los aparatos que, en efecto, no funcionan. Xa indignación contrae su cara. La joven. ¡Ks increíble! Su habitación de usted, en lugar de ser para el Consejo y sus emisarios transparente para sus acciones de usted, sonora para su pensamiento, es una caja negra, insensible é inerte... ¿No ha venido ayer el inspector de la Razón para darla la poción reglamentaria que dispone á la obediencia todas las idiosincrasias, apaga las veleidades caprichosas y organiza la humanidad cívica? ¿Han olvidado á usted, produciendo así el escándalo de una. individualidad rebelde? Zíz raa ffl -Elinspectorvino. Pero supeengañarle. Lajove? i. ¡Horrible... Vuelo al teléfono público, y pediré socorro... A pesar suyo la salvarán. La anciana. -Es tarde. Mire usted ese reloj. Dentro de algunos minutos- -doce si los cálculos de vuestros sabios son exactos- -temblará la tierra. La ciudad e. stá preparada 3 a para evitar los riesgos del terremoto; los aparatos parlantes, los conductos delatores, los espejos indiscretos no funcionan. Estamos aislados, y si usted ama la vida, sólo puede huir. ÍUna ligera sacudida a g í t a l a habitación. Z 7 bz. H. ¡Quiero arrancarla á usted de la muerte! La anciana. ¿Tiene usted piedad de mí? La joven. ¡Yo, no! ¡Yo no quiero morir! La joven (ruborizándose) ¿Piedad? (I os tres humanos de alas negras rodean á la anciana, que se leLa anciana. -Sí; ya sé que esa palabra es una invanta. conveniencia... 4 ntes era una frase sublime. Sí; ya sé La anciana. -Ea ciudad va á replegarse. Sus audaque sois solidarios los unos de los otros. Tan igual- ces casas van á doblarse sobre las calles. Han empemente dotados y provistos. de todo, que la caridad y zado á funcionar los resortes del inmenso mecanismo. la bondad no tienen razón de ser entre vosotros... ¡Ea (Dirigie ndosc á la joven. ¿Nadie viene á buscarte? piedad, el amor... ¡Bah! Cosas, de mi tiempo. El más viejo de los humanos de alas negras. -SocorráLa joven. -El amor existe. Señora. El amor ha so- mosla. Antes de morir tengamos piedad de ella. El brevivido á su juventud dé usted. Es una de nuestras olvido de nuestro propio infortunio será el ornato de alegrías. A 3i er mismo, á la luz del alba, yolaba yo con nuestra muerte. Seanros lo que fuimos cuando en grandes aletazos de mis alas blancas en el aire diáfa- nuestro pecho latían los corazones. iVntes queríamos no. Elegué á orillas del mar y me posé sobre una roca. esquivar el dolor con la muerte, queríamos huir al Un hombre había seguido ini vuelo caprichoso; sus asilo en donde duermen nuestros menospreciados ojos reían; sus alas eran nacaradas... Y nos amamos. abuelos, 3- para poder volar habíamos guardado cada IM. ancia 7i a. -iQ. ú n era? uno una pildora... Tómalas todas, joven, puesto que IM joven. -No me importa su nombre... n i á é l el mío. quieres seguir viviendo. Ha 3 dosis suficiente para La anciana. -Si en otro tiempo mi hija me hubiera que puedas reunirte sana 3 salva con los demás hahablado así, la habría matado. Mi hija era buena... bitantes de la ciudad... Tenías, y muramos salvándote. era modesta. (Tienden á la joven sus pildoras, que las absorbe ávidamente. La joven. vi hija? ¡Palidece usted! ¿Me deja que Recobra fuerzas, desplega las alas y huye volando... cabellos de usted encanecen... las arrugas de su rostro se ahondan alargándose... ¡Socorredme! ¡La ciudad e. stá desierta y no encontraré dónde vivificarme... ¡Debería estar ya lejos de aquí, y me pesan las alas... ¡Ayúdeme! ¡Déme el viático Cjue necesito! ¡Ah! Estamos solas, abandonadas como dos salvajes, lejos de la ciencia tutelar. (Mirapor la ventanaj ¡Ah! ¡Aquí llegan tres humanos! Son negros como cuervos. La anciana. -Vuelan hacia mí. ¡Son mi marido, mi hija y mi hijo! La joven. ¡Una familia! ¿Vivís en estado de familia en esta ciudad de civilización suprema, en donde cada uno vive para todos y no para algunos solamente? ¡Qué horror! Se os dispersó al constituir la colectividad moderna ¡y, sin embargo, habéis logrado reuniros contraviniendo la le 3 ¡Complot nefando! ¿Qué pretendéis? ¿Huir juntos para vivir la antigua vida en países de obscurantismo? Los tres humanos de alas negras (entrandopor la ventana) -Cansados de vivir sin dolor, sin fatiga y sin bondad, puesto que nuestros corazones inútiles están muertos, puesto que nadie siente ternuras ni derrama lágrimas, puesto que no hay débiles que socorrer, queremos evadirnos del imperio de la fuerza. Queremos morir. i f A ií Í ifi- 5 Jt i! í íSi t L a joven (mientras vuela) E os locos, indignos de la dé una pildora vivificante? (Se dirige á la pared y busca en un receptáculo de metal resplaiideciente. ¡La vivir, me han dado la vida. cajita está vacía! (I os cuatro humanos se abrazan tiernamente, llorando de su ¿a anciana. -Ya lo sé. prema dicha. La joven (con angustia) ¿Dónde hallarlas... Yo (Todo se desploma lentamente. Sobre la ciudad, replegada con tampocoestoybien. Mis fuerzas disminuyen... ¡Ah! Sus perfecta regularidad, surgen las viejas torres de Nuestra Señora. IvAN STRANNIK DIBUJOS D 2 MÉNDEZ BRINCA