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t- f t- I m init í i i tí sM í -A i s í- 4 r i -4 r m -ísft. jm -X EN LA ALHAMBRA N la primavera de 1829 vino á España WasliiH gtpn Irving; eS esta época del año la más á propósito para viajar por A ndalucía. Entonces áíSn 1 1 había ferrocarril; el escritor americano iba 50 en compañía de un amigo; les asistía llevando lof- yantares para el camino, un medio escudero que les contaba mil historias fantásticas de ladfcáies, de lüorispos, de guerras pasadas y de hazailas remotas. No se puede desear u n mejor viaje qu e el que hiá) Washington Irving; iban caminando lentamente; observaban las tierras por donde pasaban; admiraban los bellos paisajes; se distenían en las alguéfias y cortijos; preguntaban á, ips caminaiites que se cruzaban con ellos en el camino; cuando jE; ra hora, se detenían baj. 0 3 ojivos, ggaían sus mantas ó capas en el suelo y comían coq tpd acalma, en la serénidaa de un ambiente tibio y sutil, teniendo á lo lejos la perspectiva de uíiá ijiQuiaña azul, r -r, s- C Cuando llegaron á Granada, fehaíSi p de Irviag- se despidló y el escritor americano se quedó solo. Entonces él, puesto que había venidd 4 ft Sí 3 á ía paravisiíar la Alhambra, creyó que lo mejor q u e podía hacer era irse á vivir á ella. Así lo hizo; dé la Alhambra tenían entonces cuenta las siguientes personas q u e formaban una familia: doña Antonia, Dolores y IVÍanuel. Dolores y Manuel no eran hijos de doña Antonia, sino sobrinos suyos, hijos de diferentes hermanos. Doña Antonia, ó h tía Antonia, era una mujer grave, sencilla, afable; tenía por priucipal misión el cuidar de los jardines interiores de la Alhambra. De Manuel sabemos que era un joven de verdadero mérito- -ayotcng man of sterling worth; -estudiaba Medicina; había servido al rey cu América, y estaba enamorado de su pVima, Respecto á Dolores ó E lita, habremos de decir que era gordezuela, que tenía los ojos negros- -b ac c- eyedandalusz an- -que todas sus ilusiones las cifraba en unas palomitas que tenía en un palomar, y que, en resolución, era tan jovial, tan sociable, tan comunicativa que merecía llevar- -dice el autor- -un nombre más alegre que el que llevaba. Esta era la familia con quien vivió Irving en Granada; los días pasaban dulcem. ente para él; su habitación era una ancha y vieja sala del palacio árabe que él mismo se arregló; él daba paseos largos y solitarios por los boscajes; alguna vez, en las noches de luna, paseaba por el patio de los íléones, por las estancias abandonadas del palacio. Y así en esta dulce, inefable calma fué escribiendo las páginas de este libro tan bello, tan delicado qiie se llama Táe Alliambra, uno de los pocos libros nobles y generosos que se han escrito sobre España. AZORIN DiDUl Dü n ü- u o n