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íí M- I sí- -i ¡AL SANTO! -Aire p al puerto, morena, y cuidao que- S relimpia, y cuidao que vas airosa, y cuidao que vas bonita. ¿Ande vas tan repeinada, ande vas tan remonisma, ande vas con esos ojos que son dos luceros, niña... ¡Qué bien te cae esa falda, y qué bien el de Manila! ¿Quieres que hagamos pendan os dos juntitos, mi vida? ¿Ande vas tan recompuesta, ande vas tan presumía? -Pero, ¿ande quiés tú que vaya una madrileña fina el quince de Mayo? Hombre, á la pradera, so lila, á marcarse cuatro postas porque una tié todavía el aquel y el alioli que liace falta á las mocita? p andar con prosopopeya y mirar con serranía, y dar al mantón de flecos el aire que nesecita. ¿Ande quiés que vaya ¡io i v. v. z. ata de esta villa que nació en la Cruz del Rastro y bebió el agua clarita del Cerrillo, y que se canta dos coplas con alegría, y C 3 abe llcviir lo suyo cuando se pone de limpia? Dime, ¿ande quiés tú que vaya la nieta de mi agüelita... -Con esa cara, á la Gloria. -Hijo, baja la cejilla, que está; ronca la bandurria. Sí que. estás hoy chnngoncita... ¿Y qué pasa si está ronca? -Pues (Jue hay muertes repentinas. ¡Ay, qjié pelusa. Dios mío, Los va á entrar á las cotillas en cuanto fisguen que hoy vas más guaj) a y más bien vestía! hoy va ájser ese cuerpito gitano l icomidilla de envidiosas y gandules, que en tascas y porterías dirán al verte pasar: Qué m a j a v a la Pepilla; ¿de dónde habrá sacao esa todo lo que lleva encima? -Y, entonces, me vuelvo yo y les digo: ¿Y no sería mucho mejor que estuviesen ustedes en la cocina echando sal al puchero, ú remendando camisas á sus hombres, sóo chismosas. Sí; yo soy, soy la Pepilla, la moza de más cartel de la lübcra; la misma qtic, mientras que ustedes todas no se han pcinao todavía, y están con el moño al trote, y con las chanclas raídas, y las camas por hacer, y el jabón muerlo de risa, y los estropajos nuevos, yo ya he dejao mi casita como una taza de plata, y como soy muy castiza, alquilé con mis ahorrillos este mantón de Manila, me peiné de peinaora, me alhajé con piedras finas, y me voy á San Isidro con la concencia muy limpia á beber agua del Santo, á comerme unas rosquillas, á bailarme lo que tQquen, á lucirme unas mijitas, á ver cosas de mi tierra, á respirar alegría, á traer un pito con flores pa que adorne mi bohardilla, y u n botijito de barro pa que el agua esté fresquita; á eso voy á la pradera, pa que mientras hay cotillas á las puertas de las casas, á tal hora y en tal día, sepan que hay en los Madriles morenas de campanillas que aún alegran t; on sus caras verbenas y romerías. ANTONIO CASERO DIBUJO DE MEDINA VERA