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Reuniéronse para solazarse honesta y apaciblemente en las Carnestolendas, corrieado el gallo y comiéndoselo en paz. En tan loables ejercicios y sabrosas pláticas pasaron el día, sorprendiéndoles la noche en esa disposición de ánimo algo incoherente, que priva de su entera libertad á los miembros más robustos. El caballero de la Corte de Carlos IV opinó que podían muy bien pasar la noche donde habían pasado el día, ya que ninguna urgencia les reclamaba en ningún otro lugar del mundo civilizado. A esta sensata opi- WW mj: -T r Ilion se adhirieron los circunstantes. Encendieron una buena hoguera y sobre las blandas plumas del sacrificio se acomodaron. Entróse á plaguear la vieja gitana Simi, que iba I de recogida á su covacha del monte. f ¡A la buena crianza de las santas almas, que no dejarán al pobre ni á la vieja llagada sin refitorio divino como el buen Jesú! n u y en su punto la gitana y refrescó la conversación. Una mínima parte del interesante diálogo fué milagrosamente conservada, con claros y baches que dificultan su reconstrucción: PuLGUiTA. ¿A qué hablas de cosas santas si tienes en tu cueva la serpiente con pelo de mujer y la hierba que echa sangre como la eriza en luna nueva? E L GALÁN. ¿Y chupas á los niños, eh? E L MAKSTRO TROMPETA. -Eso es lo peor que haces. SiMi. Eo que tengo en mi cueva es la cruz de palo y la calavera que dejó el santo señor San Patricio. SILVESTRE. -Y un nidal de cernícalos que te llevan las gallinas. ¡Menudos escopetazos les solté días atrás? SiMí. (Echando htmbrepor los ojos. ¿Tú fuiste, Ricote? ¡Ay, malogrado, quebrado te veas, como quebraste mi ánima: E L GALÁN. -Anda, échanos un conjuro. TROMPETA. -Si no lo echas no bebes. PULGUITA. ¿Ves para lo que me sirven tus conjuros? ¿Ves? (Haciendo un gesto apropiado. RICOTE. -Yo creo que eres tú la cernícala que destirocé el otro día. Tenía esas mismas narices y esas uñas lagartijeras. SIMI. -De ellas no te escaparás, judío. TROMPETA. -Silvestrillo, te llama pariente. SIMI. -Allá va el conjuro: A los lumbrales de la casa de plata, cabe la candela del padre, que, todo comprenda y sea así como quiero y digo y escupo tres veces. Lo primero, Ra; lo segundo, Tau; lo tercero, Bal. Por los ojos de gato clavo y la hierba de cinco dedos que echo en la lumbre y se agarra al corazón; por la baba del- sol hallada, en el pozo y la virtud de esta raíz que se queja de noche, mordida por colmillo de víboro macho, y la santa palabra que se perdió de la lengua á la mano y está soterraña en el palacio caído; por los siete ojos del sol, que nunca se cierran, y las tres lamparas del monte, que nunca se apagan; por el soplo del ángel coii que arde la fragua y el hierro encendido en ella, que es uno y es tres y son cinco y son siete y son nueve... Que se haga la cadena y el nudo, y sean los que digo como estos dedos con éstos; y donde vayan los de esta mano vayan los de ésta sin apartarse jamás. Y vuelvo á escupir á esta llama y á decir para mí sola las tres coyunturas del santo nombre. Amén.