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v tóijt, r i- HORAS D E M A D R I D EN LA CARRERA, AL M E D I O D Í A ADRID madruga En cinco años han dado las costumbres un cambio de frente, y hoy j- a, como cualquier ciudad activa, Madrid es tempranero y negociante. Las Cuatro Calles son el torno por donde ingresan á millares los transeúntes á la Carrera de San Jerónimo, nuestro Piccadilly, nuestra rué Royal, nuestra Friedrichstrasse, nuestra Neu sky. París, Londres, Berlín, San Petersburgo tienen sus vías- raquis más pobladas, pero, sin duda, menos pintoresr cas. Nuestras modistas y toreros ponen en la Carrera notas típicas; el mantón es un caso de gentileza, y la capa un alarde conquistador. Ved las aceras, en el mediodía, llenas de gente, á la europea uniformada. Mirad esas coquetas de sombreros caros, esas amables burguesitas bellas, esos pollos, trasplantes de figurín. Ved cómo pasan carruajes y automóviles; alzad los ojos á los edificios, al Banco Hispano- Ameri- cano, al Crédito Lyonés; ojead los escaparates suntuosos, las joyerías, los comercios, y os creeréis en Piccadilly, en la rué Royal, en la Friedrichstrasse ó en la Newsky. Pero notad aquel grupo gallardo de modistillas con mantón airoso; parad los ojos en sus gentilezas, en sus. peinados opulentos, en sus pies chiquitos, y decidme si hay algo semejante en San Petersburgo, en Berlín, en París ó en Londres. Ved asimismo Otra pandilla, pero ésta de hombres, y con capa. Advertid sus modales y su rumbo, el aire olímpico de sus sombreros cordobeses, la gentileza de su embozo, el ágil movimiento de sus brazos chulos, y decidme si en estos hombres únicos no está la nota típir de la Carrera. Por la calle del Príncipe vienen modistas; por la ancha de Sevilla llegan toreros, y en la farola de las Cuatro Calles, deteniendo y automóviles, rompe una serenata de piropos chulos y un coro de risitas modistiles... Madrid, ante la Europa que se lo come, exhibe su risueña personalidad... CR: STÓEAI. D E C A S T R O DlB iJO DE MEDIKA VERA