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Y DP pfN varias ocasiones lie leído en la Prensa cnchn fletas y chanzas, 5 a en prosa, ya en verso, burlán. dosé de la extraña asociación de tres ó cuatro escritores para pergeñar una insignificante obrilla en un acto. Casos se han dado de ir p a r a el engcadi- o de alguna pieza del géacro chico m á s e n t e que sobre Roiiia con Borbón por Carlos quinto; pnes entre libretistas y músicos juntáronse nada menos que seis ú ocho, aunque sólo la mitad pusieran sus nombres en los carteles, guardando los demás pudorosamente el incógnito. Algunas veces la colaboración al por mayor ha llegado! á ser verdaderamente extraordinaria por circunstancias particulares. El insigne compositor D. Emilio Arrieta colaboró con sus siete discípulos predilectos para ponermúsica á la zarzuela en tres actos, de D. L, uis Jlariano de l, arra, titulada La iiisula Baraiaria, que se estrenó en el teatro del Circo de Madrid el 24 de Bicienibre de 1864. En los ejemplares impresos de aquella obra sólo apareció el nombre del Sr. Arrieta; pero en la noche del estreno los ocho músicos fueron aplaudidos y aclamados en escena. El ingenioso dibujante Ortego hizo con este motivo una chistosa caricatura, que se publicó en uno de los primeros uiíineros de Gil Blas. No hace muchos años, en igoo cuando el teatro Romea aún no había dejado de ser modesto templo de Talía, estimada capilla del género chico, para convertirse primero en music- hall ó music- small- room, y después en sala ó gabinete de cinematógrafo, y allí actuaba la simpatiquísima y genial Loreto, varios autores de los que al teatrito de lacalle de Carretas litas asiduamente concurrían, tuvieron la caprichosa idea de hacer una revista escribiendo cada uno de ellos una escena. ¡Aprieta constipado! ó el catarro nacional fué el fruto de aquella colaboración. La obra pasó agradablemente, y tuvo, bastantes representaciones, aunque creo que no tantas como autores, pues si no recuerdo m a l fueron 24 ó 25 entre escritores, músicos y caricaturistas Por no sé qué extraña fatalidad, las obras para cuya composición se juntan muchos ingenios, aun siendo éstos excelentes y probados, no resultan buenas ni logran éxitos halagüeños. l, a colaboración de dos autores suele producir resultados admirables, si éstos, reuniendo sus diversas aptitudes, se favorecen mutuamente, aporta cada uno elementos ó cualidades indispensables que el otro no tiene y en su unión encuentran compensa, ción y estímulo, complemento y perfección. Ea colaboración de muchos autores, por notables que sean, casi siempre produce engendros con que los numerosos padres no pueden mostrarse muy ufanos y satisfechos. Por eso casi siempre tales obras se presentan anónimas, como hijas de padres desconocidos ó amparadas á lo sumo bajo u n seudónimo á manera de razón social H a habido, sin embargo, casos en que los colaboradores al por maycr han tenido el valor de sus actos 3 no ya en los carteles, en las mismas obras han hecho terminante y explícita declaración de la paternidad colectiva En 1799 se representó por primera vez en el teatro del Vaudemllc, de París, una obra intitulada Monsieur de Bievrc ou l abus de Vesprit. Sus once autores, ni uno más ni uno menos, se de- clararon en curiosa enumeración hecha en el couplet final: lí ouvvag e que voua avez applaudi, citoyens, est de Ditpaiy, aidé par ses amis. iín- voici l a liste ouverte d abord Luce, avec SalveHe et Coriolis; de pUts Craiízé, Gas: ¡icoztr Legouvc, Monveljils, Loiigpcrzcr... j e crois en oublier. ¡Ali! vrainient, citoyens, c est, c cst Alcxanürc et c est Charet. -a ilás de siglo y medio antes, ya en el teatro español había ejemplo análogo, aunque algo inferior en el número. Nueve poetas españoles escribieron la comedia, en tres jornadas, La luna africana, todavía inédita, pero de la que se conserva copia en nuestra Biblioteca Nacional. Al final de la comedia también los KKÍZ. declararon en verso sus nombres, con la particularidad de señalar la parte que á cada uno había correspondido en la composición de la obra: Memoria de los ingenios que se juntaron á liacer esta comedia: líl primero, Luis Benavente; tras él Luis Vález, el afamado; lueg o dozi Juan Vélez fué quien acabó la primera. Empezó la otra después el maestro Alfonso Alfaro; quien le vino á suceder fué don Agustín Morcto, y la segunda el pincel de don Antonio Martínez acabó de componer. I a postrera comenzó con don Antonio Sigler de la Huerta; siguió f. uego la ingeniosa pulidez de don Jerónimo Cáncer, y la acabó, como veis. don Pedro Rósete Niño. r Esto en aquellos tiempos no debía de parecer cosa extraña. Ea comedia de El rey don Enrique el enfermo era de seis autores: Zabáleta, Martínez de Meneses, Rósete, Villaviciosa, Moreto y Cáncer, y de otros seis la intitulada Vida y muerte de San Cayetano, que por otras circunstancias dio bastante que decir á mitad del siglo XVII, estableciendo cierta competencia entre los deseos de la corte porque se representara y las censuras de la Inquisición q u e á ello se oponía Por fin se representó con supresiones y enmiendas, á que se sometieron los seis ingenios, que eran Moreto, Matos, Diamante, Villaviciosa, Avellaneda y Arce. Ninguna de esas obras ni de las antes mencionadas ni de otras que podrían mencionarse, ha logrado fama perdurable. Play u n dicho vulgar que asegura que la mucha gente es b- aena sólo para la guerra lo que sí puede asegurarse, por lo visto, es que la muclia gente no es buena üara componer una obra de teatro. FELIPE PÉREZ Y GONZÁLEZ