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LOCURAS DE ARTISTA N opinión délos amigos, iin bañóle tornó loco. Dícese que entró en el agua con ciertas malignas pupas, y, además, estuvo nadando la tarde entera. Hasta puesto el sol, contestaba con muecas si le invitaban á salir del charco... I a frialdad del crepúsculo le obligó á vestirse... Tenía moradas las carnes arrugados los dedos... Se vistió ágil, recogió el estuche de colores y pinceles, y bordeando el barrancal, marchóse hacia el monasterio donde le hospedaran, y abrazándose á uno de los cipreses que hay en la puerta del convento, esperó la luna, y así que la v i o a r r o j ó el estuche contra ella... líUego, durante el sueño de la comunidad, principió con canciones; muchas celdas se iluminaron; desde la prioral, á grandes voces le ordenaban silencio... Pero él aún arreciaba, y entonces cogiéronle dos fámulos, con los c u a l e s cogiéndose también el pintor, no fué zambra la que sintieron los monjes... En consecuencia, la mañana seguida suprimió el Capítulo las celdas de pupilaje. Dejaron, pues, su claustro los huéspedes, y el primero el pintor, que se acomodó sobre una muía, y sin despegar labios ni ojos caminó algunas horas. Despabilado con la jornada ea galera, tornáronle á su melancolía las proximidades de la ciudad... Y corrido encerróse en el estudio, y no adrn tió á nadie; se le huía l tiempo s i n aprovecha- lo... A la larga recibió á los compañeros, y estrndo entre varios de reunión, alborotóse repentinamente, y la emprendió á denuestos con todos, y después á testarazos... Repitió sus insultos a l a luna... Y y a c o n franqueza l o c o metiéronle en la casa de salud de la misma ciudad. E Como el loco era hombre de fama- -insigne marinista, medalla de oro, -al pronto menudeaban las visitas al manicomio. Mas, á unas pocas semanas, lo olvidaron, y el pintor buscó amigo en los nuevos compadres, y ninguno halló que le sirviera... Por fin, retiróse de ellos- -sino es á uno á quien decían señor San Dios, ni les hablaba, -y volvieron inexplicables sus reprimendas á la luna. El pintor la escupía en el enrejado pozo del manicomio, gritaba al verla arriba, y para evitar sus rayos, al acostarse cubríase la cabeza. En tanto, pensaba el director que Huste- -se llamó Luis Huste el marinista- -recobrara sus aficiones; y con tal intención le nombraba continuamente la pintura y pintores conocidos suyos. Empero como no despertara Huste, el director, bien inspirado ahora, subió con aquél á las torres del manicomio, que se alza en medio de huertas levantinas... Y el loco, mudo una tarde y la segunda, á la tercera estalló en entusiasmos, manifestó deseos de pintar... Y pintp; salieron de esa época los cuadros que forman la postrera de Huste... Cuando acababa de comer ganaba una altura, é inmóvil observaba el llano, risueño con su horizonte de rosáceas montañas; con sus, oratorios blancos; con sus blancas barracas y alquerías; con sus acequias y sus cañaverales; con sus ringlas de olivos, de moreras, de naranjos, de higueras anchas; con sus pajares de oro, con los labriegos, que, precedidos l- ii de unos caballos rojos ó i, al negros, araban, iban y ye. j nían como en las danzas rítmicas... I I uis llenábase de camI pina y la copiaba; envolviendo en humo de tabaco los lienzos, coloraba- los Pintaba muy bellas, cosas, y mientras, parecía, discreto su decir... En esto, súbitamente perdía, el juicio, y en sus paisajes, con luz del Mediodía, asomaba la luna... Y rio, la luna tenue que en las. siestas, al estío, entre palmeras sale... Asomaba ró- mántica luna, tétrica, y p i n t á n d o l a Huste; la apostrofaba colérico... Siguióseun mes en quedistraído con decoraruriá. habitación, olvidó el marinista las torres... Y rota, la costumbre, decidió no. reanudarla. Tendióse a l a sombra y, cerrados los. ojos, entonaba febril la. c a n t a l e t a m o r a queaprendiera de un modelo... Alargaba las notas, las retorcía... Sonaban como el eje de una carreta de los pinares... El director, presumien- do detrás de la canción lamentosa crueles ansias, interrogaba á Duis: ¿Quiere usted algo? Y no obstante la blandura con que le preguntaban nada respondía. Luis. A lo último, -ex- clamó: -Sí, quiero ir ál mar, quiero. Solícito el d i r e c t o r condujo á Huste, á través. de u n a playa, al sitio riscoso que los pescadores bautizaron la Farola. Reproduciéndola, había alcanzado el marinista la medalla, de oro; todavía encontró á un anciano marino, prin cipal figura del cuadro... Y el loco vació su tabaquera en la pipa del abuelo y le agasajó con adelfas quecortara en la playa... Brincaba gozosísimo Huste, y como en la lejanía silbaran unos barcos, estremecido, se puso á llorar, y llorando reía. Serenóse, y dio en recordar sus derrotas, sus triunfos, el vivir pretérito. Anocheció, y ensangrentando el aguanacíala luna... Luis la vio y, con saludable malicia, dijo: -Te perdono, ¡oh luna... F G A R C Í A SANCHIZ DIBUJO DE M ESP