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ai LA C O P A ENCANTADA Si ingenios tan peregrinos como Góñgóra y Villamediana se emple aroncontrá Jusepa y Moirales, contra lo. s esposos Champiiieslé nada menos qUé ÍRacine hizo chistes crueles, ccüio el que Boiléáu convirtió, éii un epigrama, que comienza con estos expresivos? versos: De six amants contents et non jaloux, qui tour- á- tour servoíent mádame Cláude, le moins volage étoit Jean, son époux... N la segunda mitad del siglo xvii logró en Paiís fama, aplausos y provechos una pareja de notables comediantes que, por algunas concomitancias, podía hacer recordar á otra pareja de comediantes insignes que en la primera mitad del mismo siglo adquirió gran renombre y llamó extraordinariamente la atención pública en la corte de España. i Como nuestra célebre Jusepa Vaca la franeesa María Desmarets, generalmente conocida por la Champmeslé sobrenombre de su marido, fué objeto de las amorosas solicitaciones y asiduos galanteos de numerosos apasionados, entre los que figuraban poetas ilustres y nobles acaudalados. Como el bueno de Juan de Morales, marido de la Jusepa, autor ó director- empresario y representante notable, el esposo de la Desmarets, Carlos Chevillet, señor de Champnieslé, también cómico y autor en la íicepción hoy vulgar de la palabra, fué blanco de chanzas injuriosas y de epigr... iias mordaces de los satíricos maldicientes. Conocidíísimo es el soneto de Villamediana que comienza con los siguientes versos, puestos por el autor en boca de Morales hallando con su mujer: oiga, Jusepa, y mire que ya pisa esta corte del rey; cordura tenga; mire que el vulgo en murmurar se venga y el tiempo siempre sin hablar avisa. (Muésh ale tíit Cristo. E ÍPor esta santa y celestial divisa, que de hablar con los príncipes se abstenga y, aunque uno y otro duque á verla venga, su marido no más, su honor y misa. Justo es consignar, sin embargo, que los dos artis tas franceses merecieron esos y otros dichos dé la maledicencia, que no tuvo tan cierta justificacióa cuando zahería á aquellos comediantes españoles. La Champmeslé no fué modelo de fidel. dadconjaigal; de ella se decía que en escena expresaba m u y bien el amor, por ser una de sus más fervientes sacerdotisas; su esposó dio en más de una oca, sión pruebas evidentes de ser confiado, tolerante y aun sufrido con exceso. El chiste de Racine, rimado por Boileau, fuéiuna venganza del ilustre autor de Fedra, que después de haber sido mucho tiempo director y maestro de; la actriz y de haber escrito para ella obras, logrando que eclipsara á todas sus rivales, se vio suplantado en su corazón por el rico coiide de Clermont- Tonnerre. El fácil juego de palabras á que se prestábanlos nombres Racine y Tonnerre dio ocasión á otro epigrama, alusivo al amor que antes había echado raíces en el corazón de l a comedianta; La ÍÍ 7 K; Z est v e n u q u i l a í ae ¿V. T I No menos conocido es aquel otro soneto del insigne Górgora, cuyo primer cuarteto dice de este modo: sí por virtud, Jusepa, no mancharas el tálamo consorte del marido, otra Porcia de Bruto hubieras sido que, sin comer, sus brasas -retrataras. Uno de los escritores más insignes de aquellos tiempos, el celebérrimo fabulí! 3 ta Juan de Ivafontaine, era gran amigó dé los esposos Ghampmesle. Aunque Lafontaine debía grandísimos favores á su protectora la famosa Mme. de L, á Sabliére, hasta