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3 JLIvXJDOe I X Municipio de cierta población de Bohemia ha introducido u n a reforma beneficiosa en las costumbres, que comentan con elogio algunos periódicos extranjeros, y qtie j o quiero citar aquí por si al! Sr. Dato I le parece digna de que se acepte entre nosotros. Iva reforma no es urbana, en el estricto y material sentido de la palabra; pero sí se relaciona con las reglas de urbanidad, que en aquel pueblo caen, p o r l o visto, bajo la; inmediata inspección de las autoridades municipales. Se trata de una innovación en el saludo callej e r o principalmente fundada en los preceptos higiénicos, que hoy, por todas partes, ejercen su saludable tiranía... Dicho Municipio ha fijado un edicto invitando á los hombres á que saluden con l a mano ó con una inclinación de cabeza, en vez de quitarse el sombrero, desde i. de Noviembre á 30 de Abril, para evitar los enfriamientos. I a invitación, útil, como se ve, aunque trastorne un tanto los consuetudinarios preceptos de la galantería, no es tampoco una invitación en la acepción, gratuita del vocablo. Aquel Municipio, mucho más arbitrista que el nuestro, aunque esto parezca imposible, sabe mezclar la utilidad y la duLura, como recomendaba Horacio, aunque no ciertamente á los Ayuntamientos. Viendo en esta reforma una nueva y abundante fuente de ingresos, ha dispuesto. que. el derecho á la abstención de quitarse el sombrero se adquiera mediante el pago de una corona, destinándoselo recaüda: do, al socorro de los menesterosos. No es, en verdad, -muy alta la cuota que se exige, sobre todo, si se consideran los posibles niales que pueden- evitarse con, su pago... Y si se atiende álos beneficios que puede producir, contribuyendo á resolver el terrible problema del pauperismo, no es mucho que se compre con una corona el derecho á llevar cubierta la coronilla. Desconozco los medios de que se valdrá el Municipio para comprobar. la existencia de los legítimos, poseedores, de esa nueva prerrogativa; -y pienso que- entre nosotros- sería un... tanto difícil implantar dé tal modo esa reforma- -aunque el clima suele obligarnos á usarla desdé luego, -porque serían infinitos ios falsificadores. Habría, sin duda, muchos ciudadanos que, sin pagar uii cuarto, llevarían encasquetado; su sombrero... Y sin fijarnos en su fin utilitario, sólo por la causa que la motiva, puede asegurarse que una vez más la higiene se comr place en destruir hasta las cosas más sencillas y las más ino centes demostraciones del afecto personal. S a b i d o es que el beso puede producir u n contagio, p o r lo cual se trata de atentar á su propaganda. Dar la mano es igualmente expuesto á la transmisión de enfermedades, y por eso se predica en contra de e s a c o s t u m b r e El abrazo ofrece u n peligroariálogo, y ya se va extinguiendo. Si nos descubrimos en la calle podemos atrapar un enfriamiento... ¿Qué nos queda. Señor, para demostrar al prójimo nuestro cariño, nuestro afecto ó nuestra consideración... Nada, nada... Forzoso es refugiarnos en las palabras, y saludar con frases que no obligan al cumplimiento de la atención que formulan... Beso á usted los pies... Beso á usited la mano... A los pies de usted... ¡Hasta que se descubra también que estas fórmulas vagas están llenas de microbios, y nos saludemos todos con imperceptibles vagidos ó con movimientos de cabeza, de pies ó de manos, para prolongar nuestra preciosa existencia! GIL PARRADO