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f i- 5 íí t J- a; HORAS DE MADRID EN EL RETIRO, ENTRE DOS LUCES Coclies queda solo, el guarda, su banderola, cadi. S K 1 deEn los altos ramajes ysuenan píos; con oyen rumores toma importancia de sobre el ángel melancó se de agua y pájaros, y, lico, el palio de los cielos borda estrellas. Es la hora augusta, grata al corazón; cuando las manos de los novios se desposan trémulas, y cuando la gentil soiubra de Laura camina, toda blanca y amorosa: Quanrlo il sol bagna in mar l aurato carro el aer nos o e la mía mente inbruna, col celo con la térra e con la l u n a una angoserisa e dura notte inarro... 1, j 1 E van los últimos carruajes; resuena, como, craquear de patos, una bocina de automóvil; el Paseo Ea sinfonía de VSÍ frou- frou ba sonado á mi espalda levemente, y al volverla cabeza con fogosidad, he visto á Flérida, gentil, á pie, de luto y con su hijo de la mano. El coche, á tronco, va parejo á ellos; el lacayo bosteza, y el cochero, más filosófico, va liando un cigarro silenciosamente. Va mi adorada Flérida como una reina viuda y arrogante, y lleva á su hijo de la mano, como quien lleva al trono á un heredero. Eas negras sedas ricas de su traje tienen murmullos soberanos; de sus altivas tocas sale un velo tan amplio y tan lujoso como un gentil manto de Corte, y en aquellas sus manos enguantadas hay nostalgias de cetro y de dominio. El niño, rubio y bello, tiene unsombrero grande con dos cintas; lleva un traje á la marinera y mira, no hacia abajo, como los fútiles, sino hacia arriba, hacia los cielos, como los poetas. Flérida, melancólica y de luto, alza al cielo también sus bellos ojos. Se han callado los pájaros, las aguas; se ha hecho un silencio com. en misa. Ea han envuelto las sombras del crepúsculo, y sobre su figura de Minerva la mano celestial ha encendido la lámpara de Venus... CRISTÓBAL DE CASTRO T 1 BU 0 DE ESPÍ