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miosotis ó la poética margarita, á la majestuosa orquídea ó la resplandeciente rosa Marechal Niel. Seguramente, ios novelistas psicólogos del porvenir, cuando lleguen á la descripción de las toiletlcs de sus heroínas (la parte más diticil de t tíWíf su tarea) no olvidaián este encantador detalle En cuanto- á los joyeros, irán, como los maestros se lo acón sejan, á coger floies bajo el cielo azul, á o b s e r v a r largamente y con paciencia la Natu raleza, y v verán con álbum llene de modelos y el corazón l l e n o de poesía rústica, y ¿quién sabe? ¡Puede que el álbum contenga hasta versos... Todo ello para que al llegar el invierno, en la temp l a d a atmósfera d los salones, cuellos, las: i i nos y los b r a z o s de las mujeres j resplandezcan de piedras preciosas y de esmaltes que no serán solamente signos de esclavitud y de vanidad, como dicen los íilosoíos pesimistas, sino obras de arte inspiradas en la Naturaleza, en lo que tiene de más exquisita perfección, las flores Hace tiempo que los artistas han recomendado estos preciosos modelos. El famoso joj- ero Falize, hace ya quince años que publicó estudios sumamente interesantes que aconsejaban la vuelta á los estudios de la Naturaleza, antes de este éxito triunfal é inesperado del arte moderno. La hoja, el fruto, la flor inspiraron á los artistas antiguos, lo mismo en sus joyas que en las obras de cerámica, así en obras groseras como en obras de lujo luciéronlas con un gran respeto, una veneración profunda, á veces torpe, á veces genial, pero siempre sometida á la verdad Nunca como ahora puede repetirse la frase profunda: Una obra de arte es una observación de la Naturaleza vista al través de un temperamento Saber mirar una floi y en ella inspirarse en seguida, es prueba dé una capacidad emotiva y artística ha dicho un escritor francés, y al efecto iccuerda que hay acuarelas torpemente lavadas por los principiantes, en las que se advieite, sm embargo, que el pintor ha sabido ver. Aparte de la reproducción fiel de tan encantadores modelos, con sus detalles delicados, existe su representación en forma decorativa En este aspecto ornamental no se propone el artista tetmtm la flor, por decirlo así, sino expresarla impresión que producen así las líneas fundamentales de sufoiina, como la nota sintética de su color. Vista y sentida la flor de esta manera, se ensancha más toda ía el campo de su aplicación al arte de la joyería.