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FLORA ORNAMENTAL del azahar. He encontrado la verdad decía Galland, en un camino de la campiña bretona; y este artista, que tan bien ha sabido utilizar la Naturaleza en sus obras, ante las hojas necas que ve en su patio improvisa un dibujo de tapiz. En verano como ea otoño, penetra en el bosque de Verriéres, en la selva de Fontainebleau ó en el bosciue de Bolonia, y allí escoge. un modelo que guarda entre dos hojas de papel gris cuidadosamente, y después entre dos planchas, para buscarle más tarde y traducir la planta, reproduciendo sus curvas característicasy sacando de una brizna de hierba un motivo de adorno. Las amapolas, los acianos, las espigas forman, con ios tonos de esmeralda de las hojas, gi- andes manchas de color de sol, que sólo los esmaltadores A l- jj abéis penetrado eii el talIc do un joyero? Entre las licrramientas minúsculas, los pedrizos de oro todavía inf omicM y los dibujos pintados d la zonaelie, con una exquisita minuciosidad, habréis hallado flores, ya puestas sencillamente sobre la mesa, j- a colocadas en u n v a s o d e cristal. Aquellas flores no están allí por mero adorno déla mesa de trabajo del artífice; el destino ha asignado una misión importante á aquella dalia ó á aquella rosa, á a q u e l aciano comprado en un raniito de lo céntimos, ó á aq- e. ella suntuosa orq- iídea. Podrán lau- g u i d e c e r aqeellas flores, morir, perder savia, colores y per- A pueden rcjíi e d u cir. Wucho- se ha d e b i t Hdo luchar para -n; 5- -3- dí? 5 í Iiaci- r a d m i t i r que imporca! i -c. -íta eruad; pero j a Lograrán la- las pnuce. í is colocan t perpetuidad por el milacu cu. -cabello diademas gro del oro, del esmalte, qi. ic ti ai! floies, y la. s artistas de las piedras preciosas. han indicado el luoviniiento. La debilidad de ese pétalo Mad. Bartet lleva desde hace tiempo un precioso, que languidece y s desprende, ó el vigor de esa corola carnosa, serán reproducidos con una minuciosi- collar de oro compuesto de flores unidas por el arte dad exquisita. La dalia sobrevivirá en oro cincelado; del cincelador como palomas que se picotean. Las el guisante de olor, en ágata; las hojas verdes, en ma- damas del gran mundo, reputadas de buen gusto, laquita; el miosotis, en esmalte; los brillantitos serán encargan á los joj- eros que les compongan joyas insel rocío, y las pálidas perlas serán la piel lisa y fría piradas por su flor favorita; desde el sentimental v i m